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En el horizonte de 2026, Marruecos y Brasil se perfilan como pilares de una cooperación Sur-Sur renovada, fundamentada en la soberanía, el equilibrio geopolítico y las alianzas pluricontinentales, según un análisis publicado por el reconocido medio brasileño Jornal Tribuna.
El informe destaca la determinación de ambos países por fortalecer sus lazos bilaterales, visualizados como una estrategia de complementariedad, confianza mutua y expansión de los intercambios económicos, políticos y humanos.
En un mundo marcado por la creciente complejidad geopolítica, la proliferación de conflictos y la intensificación de las competiciones por influencia y recursos, Marruecos y Brasil emergen como modelos a seguir en sus respectivos continentes.
El análisis de Jornal Tribuna subraya que ambos países son percibidos como actores clave en la implementación de «estrategias geoestratégicas y alianzas financieras orientadas hacia la seguridad y el equilibrio socioeconómico».
Brasil, bajo el liderazgo del presidente Lula da Silva, es reconocido como un modelo de desarrollo, contrastando con periodos anteriores. Marruecos, por su parte, se distingue por la visión del rey Mohammed VI, que ha transformado al país en un punto de referencia geopolítica y de reacción estratégica. El informe enfatiza la atención de Marruecos a las transformaciones globales y sus repercusiones en la seguridad, la economía y el equilibrio de poderes, siempre en defensa de sus intereses nacionales.
La singularidad de Marruecos reside en su diplomacia multidimensional, su realismo geopolítico y su pragmatismo económico, según Jornal Tribuna. El país ha forjado «asociaciones avanzadas» basadas en intereses mutuos con potencias como Brasil, Estados Unidos, Rusia y China, guiado por una «estrategia constante de respeto y defensa de la integridad territorial y la soberanía nacional».
La cuestión del Sáhara marroquí ocupa un lugar central en esta estrategia. El análisis señala que las posiciones internacionales sobre este tema influyen en las estrategias de países de América Latina, África y Europa.
Marruecos se presenta como un actor clave en la búsqueda de soluciones, enfocado en «la reducción de los costes del conflicto, el control de las interpretaciones de la amenaza y la preservación de un equilibrio regional e internacional duradero».
El informe destaca la convergencia de intereses comerciales entre Marruecos y Brasil, que constituyen la base para el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, así como la cooperación en desafíos como la migración, la energía, la logística y la defensa costera.
A nivel regional, Jornal Tribuna considera que estos parámetros geopolíticos contribuyen a la formación de una «arquitectura de poder e influencia en África Occidental y la fachada atlántica».
Esta estrategia responde a las competiciones internacionales que afectan a América Latina y África, a los desafíos de seguridad del Sahel y el Sáhara, a las tensiones en las rutas marítimas y a las rivalidades entre Estados Unidos, China, Rusia y Europa.
La diplomacia marroquí se describe como un conjunto de «instrumentos de equilibrio» basados en la inversión, la banca, la logística y las energías renovables, que forman parte de un poder blando destinado a reducir el coste del conflicto. Marruecos se presenta como un modelo de asociaciones múltiples, con aperturas paralelas con Estados Unidos, la Unión Europea, China y Rusia.
El informe resalta la atención de la política exterior marroquí a las provincias del sur, con la apertura de consulados, el desarrollo de inversiones, proyectos de hidrógeno verde y la construcción de infraestructuras, como el puerto atlántico de Dajla. Se mencionan también el acceso atlántico de los países del Sahel, el proyecto del gasoducto Nigeria-Marruecos, las necesidades energéticas europeas y el papel del grupo OCP en la seguridad alimentaria africana.
Jornal Tribuna concluye que Marruecos ha implementado una «política exitosa de pluralidad de socios», asociando a Brasil, los países occidentales y Estados Unidos a relaciones pragmáticas con China y Rusia, manteniendo posiciones equilibradas en las grandes crisis internacionales, como en Ucrania o Palestina, y reafirmando su postura inquebrantable sobre la cuestión del Sáhara marroquí, erigida como un principio fundamental de soberanía nacional.
