Rue20 Español/ Monterrey
Meryem Ghoua
Hay victorias que valen una clasificación. Y hay otras que trascienden el resultado para convertirse en parte de la historia. La de Marruecos en Monterrey pertenece a la segunda categoría. Cuando el Mundial parecía escaparse, cuando el reloj marcaba el final de un sueño y Países Bajos acariciaba los octavos de final, los Leones del Atlas se rebelaron contra el destino.

Empataron en el minuto 90+1, sobrevivieron a una prórroga cargada de tensión y acabaron imponiéndose desde el punto de penalti para firmar una de las gestas más emocionantes de la Copa del Mundo. El premio ya tiene nombre: Canadá, próximo rival en los octavos de final.

Durante los primeros 45 minutos quedó claro que ninguno de los dos gigantes estaba dispuesto a regalar un centímetro. Marruecos y Países Bajos protagonizaron un duelo de máxima intensidad, con presión alta, ritmo frenético y constantes cambios de dominio.

La primera gran ocasión fue para los hombres de Mohamed Ouahbi. En el minuto 19, Neil El Aynaoui conectó un poderoso cabezazo que obligó a Bart Verbruggen a realizar una intervención extraordinaria. Apenas un minuto después volvió a aparecer el guardameta neerlandés para desviar un violento disparo de Achraf Hakimi.

La respuesta de los neerlandeses tampoco tardó en llegar. Summerville dispuso de una clara oportunidad en el minuto 34, frenada por un providencial cruce de Hakimi, mientras que Bono respondió con otra parada espectacular antes del descanso tras un potente disparo lejano de Micky van de Ven.

Con el empate sin goles al descanso, todo quedaba abierto.
Lejos de conformarse, Marruecos regresó al terreno de juego decidido a inclinar la balanza. Los Leones del Atlas adelantaron líneas, dominaron la posesión y comenzaron a instalarse en campo rival.

En el minuto 51, Hakimi estuvo a centímetros de cambiar el partido. El lateral del Paris Saint-Germain soltó un auténtico misil que superó a Verbruggen, pero el poste escupió un balón que ya parecía destinado a besar la red.

El conjunto marroquí transmitía una sensación constante de peligro. Llegaba más, recuperaba antes el balón y obligaba a Países Bajos a defender durante muchos minutos. Sin embargo, el fútbol volvió a castigar la falta de acierto.

En el minuto 72 llegó el golpe más duro. Cody Gakpo aprovechó una de las pocas oportunidades claras de su selección para adelantar a los neerlandeses y dejar a Marruecos al borde de la eliminación.
Pero este equipo lleva demasiado tiempo demostrando que nunca deja de creer.
Con el cronómetro agonizando, los Leones del Atlas lanzaron un asedio desesperado sobre la portería de Verbruggen. El tiempo se consumía y la clasificación parecía imposible… hasta que llegó el minuto 90+1.
Cuando el silencio comenzaba a instalarse entre los aficionados marroquíes, apareció el gol que cambió el destino del partido. El tanto del empate desató la locura en Monterrey, devolvió la vida a Marruecos y obligó a disputar una prórroga que ya era un premio a la fe inquebrantable del conjunto de Mohamed Ouahbi.

Los treinta minutos adicionales mantuvieron la misma tensión que el resto del encuentro. El cansancio empezó a pesar en las piernas, pero ninguno de los dos equipos quiso cometer el error que pudiera resultar definitivo. Marruecos siguió compitiendo con valentía, mientras Países Bajos trataba de aprovechar los espacios que dejaba el desgaste físico.
Ninguno encontró el gol decisivo y el pase a los octavos de final terminó resolviéndose en la tanda de penaltis.

Allí emergió el carácter de un grupo que se ha acostumbrado a desafiar cualquier pronóstico. Con sangre fría, personalidad y una fortaleza mental extraordinaria, Marruecos se impuso desde los once metros para sellar una clasificación absolutamente épica.
Los Leones del Atlas vuelven a instalarse entre los dieciséis mejores del mundo y envían un mensaje al resto de selecciones: este equipo no se rinde, no se entrega y tampoco deja de soñar.

La siguiente parada será Canadá. Después de sobrevivir a una batalla inolvidable frente a Países Bajos, Marruecos llega a los octavos con la moral por las nubes y la convicción de que, en este Mundial, ningún objetivo parece imposible.
Fotos de Mohammed Ourabai
