Rue20 Español/Rabat
Mientras la atención internacional se concentraba en la efervescencia deportiva de la Copa Africana de Naciones, el año 2025 se consolidó en Marruecos como un punto de inflexión económico y social.
Más allá de los terrenos de juego, el Reino avanzó en la materialización a gran escala de su visión estratégica, reforzando su soberanía hídrica, energética, industrial y digital, y rediseñando su mapa infraestructural con horizonte de largo plazo.
En el ámbito del agua, 2025 quedará asociado a una respuesta estructural frente al estrés hídrico. La interconexión entre las cuencas del Sebú y del Bouregreg, ya plenamente operativa, aseguró el abastecimiento de agua potable del eje Rabat–Casablanca, convirtiéndose en un modelo nacional de gestión. A ello se sumó la aceleración de la planta desalinizadora de Casablanca —la mayor de África—, cuyo avance supera las previsiones y permitirá aliviar la presión sobre las presas destinadas a la agricultura. Paralelamente, la instalación de plantas desalinizadoras monobloque contribuyó a salvar la campaña agrícola en regiones especialmente vulnerables como el Oriental y Drâa-Tafilalet.
En el Mediterráneo oriental, 2025 marcó un hito para el complejo portuario de Nador West Med. Con el dique principal y las terminales petroleras en fase final de recepción técnica, el proyecto pasó de la planificación a la realidad industrial. Incluso antes de su apertura comercial completa, la zona franca anexa comenzó a atraer inversiones en transformación de hidrocarburos y componentes para aerogeneradores, dinamizando una región largamente a la espera de un motor estructural. El avance se produce en paralelo al liderazgo consolidado de Tánger Med en el Estrecho.
La movilidad también experimentó un salto cualitativo. La extensión de la línea de alta velocidad hacia el sur avanzó de forma tangible en el tramo Kenitra–Marrakech, con grandes obras de ingeniería que ya dibujan el futuro eje ferroviario entre la capital económica y la ciudad ocre. A la vez, la modernización de las redes de cercanías en torno a Casablanca y Rabat continuó, con estaciones periféricas adaptadas para mejorar la fluidez del tráfico diario.
En el frente industrial, Marruecos superó umbrales clave. El sector automotriz alcanzó su capacidad objetivo de un millón de vehículos anuales, impulsado por una mayor integración local mediante la producción nacional de motores y baterías. El hidrógeno verde dio un paso decisivo con la firma de contratos de inversión para los primeros gigaproyectos en las provincias del Sur, posicionando al país como futuro exportador de amoníaco verde.
La aeronáutica, por su parte, avanzó con la ampliación de las zonas industriales de Nouaceur para el mantenimiento pesado y la conversión de aeronaves.
El salto tecnológico llegó con el despliegue estratégico del 5G en los principales ejes económicos. Más allá del uso doméstico, esta infraestructura se integró como palanca de competitividad para la industria 4.0, la logística portuaria y la gestión en tiempo real en las zonas francas del norte. Al mismo tiempo, aplicaciones como la telemedicina comenzaron a reducir la brecha territorial, extendiendo servicios especializados a zonas remotas.
En el plano social, 2025 fue también el año de la consolidación. Dos años después del seísmo, la mayor parte de los programas de reconstrucción de viviendas y escuelas en la región de Al Haouz quedaron finalizados, respetando las normas antisísmicas y el patrimonio local. Además, el sistema de Ayuda Social Directa alcanzó un funcionamiento estable, reforzando el poder adquisitivo de los hogares más vulnerables frente a los choques inflacionarios globales.
Así, si 2025 fue un año de celebración deportiva, pasará a los anales económicos como el año de la conexión: de cuencas hídricas, de territorios mediante infraestructuras, y de regiones al comercio mundial. Un Marruecos que no solo construyó puertos, vías y redes, sino también la resiliencia necesaria para encarar con serenidad los grandes retos de la próxima década.
