Rue20 Español/Rabat
El fútbol, a veces, tiene una memoria selectiva. Y a veces, también, una cruel memoria histórica. Vladimir Petkovic, el técnico que construyó la Suiza moderna durante siete años, regresó a la orilla contraria para intentar derribar lo que él mismo levantó. No pudo. Argelia, el equipo que el estratega bosnio ha moldeado a su imagen y semejanza, se estrelló contra la realidad de los hechos: 2-0 en Vancouver y una eliminación que, más que sorpresa, confirma la distancia que aún separa a los «Zorros del Desierto» de la élite mundial.
Porque lo de anoche en el BC Place no fue un partido igualado. Fue un recital de eficiencia europea frente a una promesa africana que sigue sin madurar. Suiza, con la frialdad que le caracteriza, golpeó en los momentos exactos. Primero, a los diez minutos, con una jugada que merece ser enmarcada. Johan Manzambi, esa joya que está deslumbrando en Norteamérica, recorrió medio campo como un cuchillo caliente y puso el balón en bandeja para que Breel Embolo, con la fe de quien sabe que está ante su oportunidad, empujara el esférico a la red. Y apenas iniciada la segunda parte, cuando Argelia aún se frotaba los ojos buscando la reacción, Dan Ndoye aprovechó un rechace defensivo de manual de impotencia para cruzar un disparo imparable ante la mirada de Luca Zidane.
El relato del encuentro, sin embargo, contiene un capítulo previo que merece atención. Los primeros diez minutos, Argelia tuvo el balón, la iniciativa y hasta cierto aire de superioridad. Fares Chaibi y Riyad Mahrez intentaron desbordar por las bandas, y Rafik Belghali, lateral derecho, generó dos centros que prometían peligro. Pero fue espejismo. El espejismo de quien cree que dominar la posesión es lo mismo que dominar el partido. Porque cuando Suiza decidió atacar, lo hizo con una claridad que Argelia jamás encontró. Los argelinos tuvieron un par de acercamientos a la portería de Gregor Kobel, pero el meta del Borussia Dortmund, hay que decirlo, pasó la noche como un espectador de lujo.
Petkovic, que antes del partido aseguró necesitar «dar el 120%» para vencer a su antiguo equipo, se marchó de Vancouver con las manos vacías. Y con una pregunta flotando en el aire: ¿de qué sirve conocer a tus jugadores si ellos te conocen mejor a ti? Porque Embolo, aquel delantero al que Petkovic llevó al Mundial de 2018, fue el primero en recordarle que el pasado no juega. «Es un entrenador que me conoce muy bien, pero nada va a cambiar de mi lado», había advertido el atacante suizo en la víspera. Y cumplió.
El castigo para el conjunto norteafricano, para mayor escarnio, pudo ser incluso mayor. Fabian Rieder, con toda la portería a su disposición, envió el balón directamente a las manos de Zidane en lo que habría sido el 3-0 definitivo. Un fallo que, visto en perspectiva, casi resulta piadoso.
Y mientras Argelia se despide del torneo con la sensación de haber competido a medias, Suiza alcanza los octavos de final por cuarta vez consecutiva y, por primera vez desde 1954, supera una eliminatoria directa. Un dato que habla por sí solo de la solidez de un proyecto que, contra todo pronóstico, sigue creciendo. Los helvéticos esperan ahora al vencedor del Colombia-Ghana, y nadie, absolutamente nadie, los descarta.
Para Marruecos, que ya está instalado en los octavos de final tras superar a Países Bajos en la tanda de penales, la derrota de su vecino argelino es un recordatorio de que en el fútbol norteafricano hay un solo rey. Mientras los Leones del Atlas demuestran carácter y personalidad en los momentos decisivos, Argelia sigue acumulando promesas que se desvanecen cuando la presión aprieta.
Al final, Petkovic se fue sin su revancha. Su familia, según confesó entre risas, no sabía a quién animar. El destino, caprichoso, les ahorró el dilema. Porque en el césped, el resultado fue tan claro que ni siquiera el corazón pudo intervenir.
