Argelia obligada a retroceder ante la firmeza española sobre el Sáhara marroquí

 

Rue20 Español/El Aaiún

Tras más de diecinueve meses de una tensión diplomática sin precedentes, Argelia ha terminado por inclinarse ante la realidad y reanudar progresivamente sus relaciones con España, pese a no haber obtenido la retirada que exigía desde marzo de 2022: la renuncia de Madrid a su apoyo oficial a la marroquinidad del Sáhara y a la iniciativa de autonomía propuesta por Marruecos como solución seria y realista al conflicto artificial del Sáhara.

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El origen de la escalada se remonta a la decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de respaldar de manera pública y formal la propuesta marroquí, una posición que Argelia intentó revertir recurriendo a medidas de presión sin precedentes.

Entonces, Argel se apresuró a llamar a consultas a su embajador en Madrid, suspender el tratado de amistad y cooperación e imponer restricciones comerciales, en una maniobra que buscaba forzar un giro político en la posición española.

Sin embargo, la estrategia argelina no surtió efecto. El Ejecutivo español, con Sánchez y el ministro de Asuntos Exteriores José Manuel Albares al frente, se mantuvo firme y reiteró que la autonomía marroquí constituye la vía más realista, seria y segura para resolver el contencioso.

Frente a esta postura sólida, Argelia fue constatando, con el paso de los meses, que su política de escalada no generaba resultados ni alteraba la hoja de ruta de España.

A finales de 2023, Argel terminó optando por un cambio de enfoque: abandonar gradualmente la ruptura y restablecer los canales diplomáticos. El retorno del embajador argelino a Madrid, con el nombramiento de Abdel Fattah Dagmoune, simbolizó el primer paso de este giro, seguido de encuentros sucesivos entre los jefes de la diplomacia de ambos países.

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El episodio más reciente de este proceso se produjo en Johannesburgo, al margen de la cumbre del G20, donde José Manuel Albares se reunió con el ministro argelino Ahmed Attaf. Según informó la agencia Europa Press, Albares destacó las “excelentes relaciones” entre España y Argelia y subrayó que ambos gobiernos trabajan para reforzar su cooperación política, económica y cultural. Esta declaración ilustra que el deshielo entre Madrid y Argel se produce desde una posición de firmeza española, no desde concesiones.

Incluso el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, terminó reconociendo públicamente que los vínculos bilaterales “vuelven gradualmente a la normalidad” tras un periodo de “enfriamiento”, una admisión que implica aceptar que Argelia ha retomado la relación sin obtener la condición que consideraba esencial: la modificación de la postura española respecto al Sáhara marroquí.

La ecuación diplomática actual es clara. España no solo no ha rectificado ni matizado su apoyo a la iniciativa de autonomía, sino que ha consolidado su posición.

Mientras tanto, Argelia, tras agotar todos sus instrumentos de presión y comprobar su ineficacia, no tuvo más opción que regresar a la normalidad sin contrapartidas.

Para observadores internacionales, este desenlace evidencia el fracaso de la diplomacia del régimen militar argelino, sustentada en eslóganes y amenazas sin efecto, y, paralelamente, el éxito de la diplomacia española, que gestionó la crisis con paciencia, firmeza y una estrategia coherente.

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