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La reciente liberación del escritor argelino Boualem Sansal, tras su detención por expresar su apoyo a la soberanía marroquí sobre el Sáhara, no es un gesto de buena voluntad sino un síntoma de la profunda crisis que atraviesa el régimen argelino, según el reconocido filósofo francés Pascal Bruckner.
En una entrevista concedida a Le Figaro, Bruckner analiza la situación política argelina, describiendo un gobierno aislado internacionalmente, debilitado por una serie de derrotas diplomáticas y prisionero de sus propios fantasmas.
Bruckner argumenta que la liberación de Sansal, lejos de ser un acto humanitario, fue una concesión forzada por la presión internacional y, sobre todo, por la incapacidad del régimen argelino de resistir su creciente aislamiento. El filósofo destaca la pérdida de influencia de Argel en el ámbito internacional, especialmente en relación con el expediente del Sáhara marroquí, donde Marruecos ha logrado un significativo avance diplomático.
El análisis de Bruckner se centra en el fracaso argelino en la arena diplomática. «Argelia se encontró sola, terriblemente sola», afirma, señalando cómo incluso los aliados tradicionales de Argelia, como Rusia y China, han tomado distancia. Este aislamiento, según Bruckner, ha sido un factor clave en el cambio de postura del presidente Abdelmadjid Tebboune. El filósofo es categórico: «el gran vencedor es Marruecos».
El ascenso de la diplomacia marroquí y el creciente reconocimiento internacional de su postura sobre el Sáhara han dejado a Argelia en una posición vulnerable. Bruckner subraya que Marruecos ha logrado una victoria significativa en este frente, mientras que Argelia ha retrocedido.
Más allá de la derrota diplomática, Bruckner critica un sistema político argelino estancado, incapaz de superar la era colonial y obsesionado con Francia. Esta obsesión, según el filósofo, sirve como una coartada para enmascarar los fracasos internos del régimen. El discurso oficial argelino, según Bruckner, se basa en esta «esquizofrenia política», donde Francia es utilizada como chivo expiatorio mientras los líderes envían a sus familias a vivir y recibir atención médica en el país.
La detención de Boualem Sansal y el trato al periodista Christophe Gleize, aún retenido en Argelia, son para Bruckner evidencia de un régimen que no tolera la crítica ni la libertad.
El filósofo acusa directamente a Argelia de antisemitismo, paranoia diplomática y prácticas anacrónicas. La detención de Sansal, tras expresar su apoyo a la marroquindad del Sáhara, es para Bruckner el símbolo de esta deriva autoritaria.
Bruckner insta a Francia a reevaluar su relación con Argelia. Considera que la complacencia de París es incomprensible y que la relación franco-argelina debe ser «reestructurada». El filósofo sugiere que es hora de dejar de aceptar los insultos del poder argelino y de cerrar los ojos ante sus excesos.
En conclusión, la liberación de Boualem Sansal ha puesto de manifiesto la fragilidad de un régimen que, a pesar de sus intentos de proyectar una imagen de fortaleza, se encuentra en una situación de crisis. La derrota en el ámbito diplomático, el aislamiento internacional y la incapacidad de adaptarse a los nuevos tiempos han revelado la verdadera naturaleza de un régimen que, según Bruckner, está sufriendo más los acontecimientos de lo que los controla.
