Argelia, prisionera de su pasado, frente a un Sáhara marroquí en pleno renacimiento

 

Rue20 Español/Rabat

La reciente resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas representa un hito diplomático significativo, consolidando la posición de Marruecos en el escenario internacional.

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Este avance es el resultado de una estrategia de décadas, caracterizada por la estabilidad interna, la apertura hacia África y la construcción de alianzas internacionales sólidas. En contraste, Argelia parece permanecer anclada en el pasado, enfrentando un creciente aislamiento.

La coherencia y la paciencia de la diplomacia marroquí han sido claves en este éxito. Mientras Rabat cosecha los frutos de una política exterior estructurada, Argelia se mantiene en un clima de hostilidad.

La insistencia en el concepto de autodeterminación, enmascara, según los análisis, un fracaso en la propuesta de un proyecto político unificador, tanto a nivel nacional como regional. La llegada de nuevas administraciones no ha modificado esta dinámica. La resolución de la ONU, respaldada por una amplia mayoría de los estados miembros, confirma el papel central de Marruecos en el Magreb y en África.

El contexto regional exacerba este contraste. Desde la ruptura de relaciones diplomáticas, Argelia se encuentra cada vez más aislada, tanto de Marruecos como de sus socios africanos y europeos. La alineación con Moscú, la interrupción del diálogo energético con Europa y una retórica antimarroquí constante, contribuyen a proyectar una imagen de inestabilidad.

En contraste, Marruecos, gracias a dos décadas de una política exterior proactiva impulsada por el Rey Mohammed VI, ha logrado reposicionar al Reino en el corazón de África. La reintegración en la Unión Africana, las asociaciones económicas y de seguridad, así como las inversiones estratégicas en infraestructuras, energías renovables y el sector digital, han sido pilares fundamentales de esta estrategia.

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Esta política ha otorgado a Marruecos una legitimidad internacional que trasciende el ámbito magrebí. Casablanca se ha convertido en una capital económica africana, un interlocutor fiable para potencias como Estados Unidos y la Unión Europea, así como para otros países africanos. Esta estabilidad política y atractivo económico demuestran, según los expertos, la victoria de la visión y la apertura sobre el resentimiento.

La evolución diplomática reciente, incluyendo el reconocimiento estadounidense y europeo, así como la resolución de la ONU, demuestra que la legitimidad de la posición marroquí ya no está en discusión. Argelia, por el contrario, parece atrapada en una postura de confrontación.

La victoria marroquí en la ONU no es solo un triunfo diplomático, sino un ejemplo de la capacidad de un país para combinar visión, coherencia y apertura. Se vislumbra, a través de Marruecos, la posibilidad de un Magreb orientado hacia el futuro, dejando atrás los rencores históricos que aún obstaculizan el progreso de Argelia.

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