Rue20 Español/Ciudad de México
Moisés Amselem Elbaz*
Este alto el fuego temporal ofrece un rayo de esperanza en medio de un conflicto devastador: la posibilidad de que los rehenes regresen y que se abra un camino hacia la paz, aunque lleno de incertidumbres.
Durante Sucot, una festividad que tradicionalmente celebra la alegría y la protección, hemos recibido la noticia de un acuerdo que permite la liberación de todos los rehenes, tanto vivos como fallecidos. Es un momento profundamente emotivo: hay alivio por quienes volverán con vida, dolor por las pérdidas irreparables y angustia por aquellos cuyo estado de salud aún se desconoce. Este respiro frágil reaviva la esperanza de que la violencia pueda cesar y que los soldados y civiles atrapados en este conflicto encuentren alivio.
En un momento donde la sociedad está profundamente dividida, es crucial recordar algunas verdades que trascienden posturas políticas y reflejan la complejidad del escenario.
1. El origen de la violencia
La escalada actual comenzó con el ataque del 7 de octubre por parte de Hamas, que resultó en la muerte de aproximadamente 1.200 israelíes y el secuestro de alrededor de 240 personas. Israel respondió con una campaña militar en Gaza. Es importante reconocer que Hamas rompió un periodo de relativa calma previo —reconocido hace unos días por el propio ayatolá Alí Jamenei, quien calificó esta acción como «el mayor error cometido en la historia del Islam»— pero también que el conflicto israelí-palestino tiene raíces históricas profundas que no pueden ignorarse. La solución no es simple, y responsabilizar únicamente a una parte omite décadas de tensiones no resueltas.
2. El costo humano en ambos lados
El sufrimiento no conoce bandos. Mientras los israelíes esperan el regreso de sus seres queridos, los gazatíes enfrentan una crisis humanitaria severa. Más de 55.000 palestinos han perdido la vida según reportes de autoridades de Gaza, y la infraestructura civil ha sido gravemente dañada. Hamas ha sido acusado de usar a civiles como escudos humanos, pero también es innegable que la población de Gaza paga un precio devastador, atrapada entre un grupo terrorista y una ofensiva militar.
Acusaciones de «genocidio» han sido controversiales y rechazadas por Israel y sus aliados. Expertos legales e internacionales debaten el término, pero lo claro es que la escala de destrucción y pérdida de vida civil es inmensa y requiere tanto escrutinio como mecanismos de rendición de cuentas a nivel internacional («accountability internacional»). Esto implica:
La investigación imparcial por organismos internacionales competentes
La evaluación conforme al derecho internacional humanitario
La determinación de responsabilidades por eventuales violaciones
La aplicación de consecuencias jurídicas cuando corresponda
La supervisión continua para prevenir futuras atrocidades
La comunidad internacional tiene la responsabilidad de garantizar que todas las partes involucradas rindan cuentas de sus acciones, asegurando que el derecho internacional se respete y que las víctimas de todas las nacionalidades puedan acceder a la justicia.
3. Diplomacia y actores internacionales
El alto el fuego es resultado de negociaciones multilaterales en las que han participado Egipto, Qatar y Estados Unidos, bajo el liderazgo decisivo del presidente Donald Trump. Contra vientos y mareas, su administración ha logrado reunir apoyos clave y ejercer una influencia determinante para que Hamas accediera a deponer las armas y liberar a los rehenes. Reconocer su rol central es esencial para entender cómo se ha alcanzado este acuerdo.
Como marroquí, considero que el mundo debería aplaudir en silencio, con intimidad y admiración, la gran labor de Su Majestad Mohamed VI -que Dios le asista- en este momento crucial para el mundo, y que nosotros, como parte integrante de nuestra nación, estemos orgullosos de nuestro Monarca.
Es fundamental reconocer que el Reino de Marruecos, bajo el liderazgo visionario de Su Majestad el Rey Mohamed VI – Comendador de los Creyentes «Amīr al-mu’minīn» y Presidente del Comité de Al-Quds – ha sido históricamente el mayor protector de los judíos. Su compromiso inquebrantable con la coexistencia pacífica y su lucha contra el antisemitismo a través de la educación y el diálogo interreligioso constituyen un faro de esperanza para nuestra comunidad en la diáspora.
La paz en Medio Oriente requiere coaliciones amplias y esfuerzos sostenidos, y el trabajo diplomático emprendido en este momento apunta en esa dirección. La comunidad internacional debe trabajar junta para asegurar que este alto el fuego no sea solo una pausa, sino un paso hacia una solución duradera.
4. La necesidad de unidad y diálogo
Con la posibilidad de que los rehenes regresen y la violencia disminuya, es momento de que el pueblo judío—y todas las partes involucradas—busquen sanar las divisiones internas. Esto requiere empatía, reconocimiento del dolor ajeno y voluntad de escuchar.
Para aquellos que se han distanciado de Israel o criticado sus políticas, el rechazo no es la respuesta. El diálogo, la educación histórica y el entendimiento mutuo son herramientas más poderosas que la confrontación. La unidad no significa unanimidad, sino respeto dentro de la diversidad.
Este momento frágil podría convertirse en una oportunidad histórica: el regreso de los rehenes, la reconstrucción de Gaza, y el encuentro de ambas sociedades en una coexistencia pacífica. Que como hermanos abrahámicos nos abracemos y nazca un sentimiento genuino de unidad humana. Que este respiro nos acerque hacia un futuro donde la paz, aunque difícil, se torne posible.
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
*Presidente de la Asociación Judía Marroquí de México.
