Rue20 Español/Rabat
En un movimiento que ha sorprendido a analistas y observadores internacionales, Argelia ha dado un paso audaz hacia la liberalización de su sector extractivo, aprobando una propuesta de ley que permite hasta un 80% de participación extranjera en proyectos de petróleo, gas y minería.
Este giro rompe con la histórica regla del 51/49, que reservaba la mayoría accionaria al Estado, y se interpreta como una maniobra estratégica para lograr el respaldo de Estados Unidos en su apoyo al Polisario, en un contexto de creciente aislamiento diplomático.
El proyecto de ley, presentado esta semana ante el Parlamento argelino, busca, según el gobierno, “modernizar” la economía y atraer inversión extranjera en medio de tensiones presupuestarias. Sin embargo, fuentes cercanas al Ejecutivo sugieren que el verdadero objetivo es político: lograr el respaldo de Washington en la narrativa separatista, donde el Polisario enfrenta una auténtica erosión frente al Plan de Autonomía marroquí para el Sáhara.
Una ofensiva diplomática con Exxon y Chevron
Días después del anuncio, el presidente Abdelmadjid Tebboune recibió a representantes de Exxon Mobil y Chevron, dos gigantes energéticos estadounidenses, en lo que analistas consideran una clara operación de seducción.
La movida busca disuadir a Estados Unidos de considerar al Polisario como organización terrorista, una hipótesis que gana terreno en ciertos sectores del Congreso tras señalamientos sobre vínculos entre miembros del grupo y redes criminales transsaharianas.
El embajador argelino en Washington, Sabri Boukadoum, ya había anticipado esta estrategia en marzo, al declarar a DefenseScoop que “el cielo es el límite” para la cooperación bilateral en energía y seguridad.
La apertura a empresas estadounidenses refleja una disposición a ceder soberanía económica a cambio de favores diplomáticos; un cálculo que, según expertos, podría transformar a Argelia en un actor dependiente de los intereses de Washington.
El Polisario, un costo creciente para Argel
La apuesta por el Polisario, eje central de la política exterior argelina, está detrás de esta decisión. Con varios países africanos y globales alineándose con la propuesta marroquí para el Sáhara, Argel teme seguir perdiendo su influencia en el dossier. La posible designación del Polisario como grupo terrorista por parte de EEUU sería un golpe devastador para la diplomacia argelina, que ha defendido esta milicia desde los tiempos de la Guerra Fría.
La nueva legislación, si se aprueba sin modificaciones, permitirá a empresas extranjeras controlar la explotación de recursos clave como hidrocarburos y tierras raras, un retroceso inédito en la soberanía económica del país. Este cambio choca con el discurso nacionalista del régimen, que durante décadas ha defendido el control estatal de estos sectores como un pilar de la identidad argelina.
Riesgos internos y críticas
La decisión llega en un momento de tensiones internas, con una población que exige mayor transparencia y una distribución equitativa de los ingresos de los recursos naturales.
La liberalización del sector extractivo podría agravar el descontento social, en un país ya golpeado por una crisis económica y social persistente. Analistas advierten que esta política podría ser vista como una “liquidación” de los recursos nacionales, alimentando un sentimiento de desposesión entre los ciudadanos.
La estrategia de Argel, que prioriza un objetivo diplomático por encima de los intereses económicos a largo plazo, plantea interrogantes sobre su sostenibilidad.
Sacrificar el control de sectores estratégicos para preservar una postura ideológica arriesga no solo la autonomía económica del país, sino también su estabilidad interna. Mientras Argelia busca evitar el aislamiento internacional, el costo de esta maniobra podría ser una dependencia estructural de potencias extranjeras, un precio que el país podría pagar durante décadas.
Por ahora, el futuro de la ley y sus implicaciones sigue en debate, pero una cosa es clara: Argelia está dispuesta a jugarse mucho para mantener viva su apuesta por el Polisario, incluso si eso significa ceder el control de sus recursos más valiosos.
