Rue20 Español/Rabat
En el apogeo de su aislamiento diplomático y geográfico, el régimen argelino ha decidido dar una nueva clase magistral de estrategia internacional… consigo mismo. En un gesto que desafía toda brújula política, el presidente designado por los cuarteles, Abdelmayid Tebboune, ha recibido al líder de la “otra” Argelia: Ibrahim Ghali, inquilino vitalicio de Rabouni, que vuelve a la capital tras recorrer la distancia entre un ala del mismo país y otra.
La foto es reveladora. Dos hombres, dos trajes oscuros, dos miradas fijas al horizonte como si acabaran de salir de una reunión secreta con el sentido común. Caminan sobre una alfombra como quien desfila hacia la posteridad… o hacia el sinsentido. Detrás, azulejos artesanales cuidadosamente alineados. Delante, la desalineación más absurda de la política regional.
Según la prensa oficialista, el tema era “la situación en el Sáhara”. Pero lo que nadie se atreve a decir es que Ghali, para acudir a esa reunión, no tuvo que cruzar fronteras ni pasar por aduanas. Bastó con cambiar de oficina. Porque la verdad es que todo ocurre en la misma Argelia. Y aún así, se despiden con apretones de manos, comunicados oficiales y fotos de familia. Una coreografía para mostrar que aún queda algo de solemnidad… aunque solo se la crean ellos.
Marruecos, por su parte, continúa con paso firme su labor: afianzar alianzas sólidas con potencias regionales e internacionales, y estrechar vínculos con países africanos, europeos y americanos. En Argel, en cambio, las audiencias se repiten con figuras de cartón diplomático. La llamada diplomacia paralela argelina no pasa de ser un juego de espejos: cuanto más se intensifican los gestos internos, más nítida se vuelve, hacia el exterior, la imagen de un Estado aislado y ensimismado.
Con sus vecinos del Sahel cortando lazos, el espacio aéreo vedado, Francia distante, España pragmática y Marruecos sólido en su soberanía, la Argelia oficial se ha quedado con un único interlocutor disponible: un huésped instalado en su propia casa, que cada tanto sube al coche, da la vuelta a la manzana y vuelve a ser recibido con honores.
A este paso, no sería raro que la próxima “cumbre bilateral” tenga lugar entre el presidente y su reflejo en el espejo. Total, ya tienen experiencia negociando con ficciones.
