Rue20 Español/Rabat
El extremismo violento sigue siendo una de las principales amenazas para la estabilidad y el desarrollo en África. Consciente de esta realidad, Marruecos ha puesto la desradicalización en el centro de su presidencia del Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana (CPS-UA), destacándola como un enfoque esencial para complementar las medidas de seguridad tradicionales.
Durante una videoconferencia organizada por el CPS-UA, la delegación marroquí reafirmó su compromiso con una estrategia integral que no solo aborde la lucha contra el terrorismo desde la perspectiva militar, sino que también actúe sobre las raíces del problema. Marruecos defendió la importancia del desarrollo como pilar fundamental en la erradicación del extremismo, siguiendo las directrices de Su Majestad el Rey Mohamed VI.
El Reino presentó iniciativas concretas como la Iniciativa Nacional para el Desarrollo Humano 2025, la formación reforzada de imanes y la Fundación Mohamed VI para los Ulemas Africanos, todas diseñadas para promover un islam moderado y tolerante frente a la creciente amenaza del extremismo violento.
En su intervención, la delegación marroquí hizo un llamamiento a una respuesta global y coordinada en África, enmarcada dentro de la cooperación Sur-Sur. Destacó la necesidad de atacar las causas estructurales del terrorismo, tal como se recogió en la Declaración de Tánger, que vincula la paz, la seguridad y el desarrollo como elementos inseparables en la lucha contra la radicalización.
Marruecos instó a los Estados africanos a fortalecer los sistemas de alerta temprana y los mecanismos de prevención, especialmente en los campamentos de refugiados, donde los jóvenes son más vulnerables a los discursos extremistas. Asimismo, subrayó el papel crucial de las mujeres y los jóvenes como agentes de cambio en la lucha contra las amenazas a la seguridad.
El mensaje de Marruecos es claro: la desradicalización debe ir más allá de la acción militar y basarse en soluciones sostenibles y a largo plazo. Frente a la expansión del extremismo, el continente necesita un enfoque unificado que combine seguridad, desarrollo y educación. La pregunta clave es si los países africanos están dispuestos a asumir este desafío con el compromiso y la urgencia que exige el momento.
