Rue20 Español/Monterrey
El Estadio Universitario, conocido como el ‘Volcán’, no rugió este domingo por los Tigres de la UANL. La lava que recorrió sus gradas fue de otro color: una marea roja y verde, agitada por los cánticos y el incesante sonido de los tambores de la afición marroquí.
La última sesión de entrenamiento de los Leones del Atlas, previa al trascendental duelo de dieciseisavos de final contra Países Bajos, se convirtió en una fiesta inolvidable que refleja la comunión total entre el equipo y su pueblo.

Cientos de seguidores, muchos de ellos llegados desde distintas partes de Estados Unidos y México, e incluso en vuelos especiales fletados por Royal Air Maroc , convirtieron los aledaños del recinto en una muchedumbre vibrante. El ambiente, cargado de emoción, hizo honor a la cita: «¡Dima Maghrib!» («¡Siempre Marruecos!») y «¡Sir, sir!» («¡Vamos, vamos!») fueron los gritos que corearon sin descanso, tiñendo el aire de una energía que traspasó las vallas y llegó hasta el césped.
Bajo el sol abrasador de la Sultana del Norte, los pupilos del seleccionador Mohamed Ouahbi realizaron los últimos ajustes tácticos . Pero más allá de la estrategia, el momento cumbre llegó al término del ejercicio, cuando los jugadores, encabezados por figuras como Achraf Hakimi, Brahim Díaz y Yassine Bounou , se acercaron a las vallas para devolver el cariño a los suyos.
El gesto de los futbolistas, que no dudaron en hacerse fotografías y firmar autógrafos entre la multitud, desató la locura. No era para menos. La afición, que había esperado durante horas, encontró en ese intercambio de calor humano el mejor de los combustibles anímicos. Como bien ha quedado patente en esta cita mundialista, la conexión entre los Leones del Atlas y su afición es un pilar fundamental en el camino del equipo.

Este duelo no es uno cualquiera. Enfrentarse a Países Bajos tiene un trasfondo cultural y emocional profundo, casi con sabor a derbi . No en vano, jugadores como Noussair Mazraoui, Sofyan Amrabat y Anass Salah-Eddine nacieron y crecieron en tierras neerlandesas antes de decidir vestir la camiseta del Atlas . Esa historia compartida convierte el partido de este lunes en el Estadio Monterrey en algo más que una simple eliminatoria: es un choque de identidades, una cita con la historia que Marruecos ya escribió en 1986 en esta misma ciudad .
La sesión de este domingo no fue solo un entrenamiento; fue una declaración de intenciones. La afición, con su entrega incondicional, ha dado la primera estocada, demostrando que los Leones no están solos en el ‘Volcán’. Ahora, el equipo tiene la palabra para responder sobre el césped y continuar el sueño de repetir, o incluso superar, la gesta de Qatar 2022 .
