Rue20 Español/Rabat
En un escenario internacional cada vez más polarizado, marcado por el resurgimiento del concepto de Estado-nación y la priorización de intereses nacionales, Marruecos se enfrenta a un complejo desafío diplomático.
La creciente tensión entre Estados Unidos y Europa, descrita por algunos analistas como un «divorcio americano-europeo», obliga al Reino a recalibrar sus estrategias para mantener sus intereses nacionales intactos.
Tradicionalmente, la política exterior marroquí se ha basado en la estabilidad del eje Bruselas-Washington. Sin embargo, la creciente fricción entre ambas potencias, evidenciada en episodios como el encuentro entre Trump y Zelensky, exige una adaptación a las nuevas dinámicas geopolíticas.
Expertos coinciden en que no se trata de una crisis coyuntural, sino de una transformación profunda que podría redibujar el mapa de alianzas internacionales.
Principios de la diplomacia marroquí
Berrak Abdesslam Chadi, experto en gestión de crisis y análisis de conflictos, destaca las constantes de la doctrina diplomática marroquí: la defensa de la soberanía nacional, el realismo en la toma de decisiones, el compromiso con el derecho internacional y la no injerencia en asuntos internos de otros Estados.
Según Abdesslam Chadi, en declaraciones a Hespress, la postura de Marruecos ante la tensión transatlántica se basa en el compromiso con la legitimidad internacional y la preservación de sus intereses nacionales, manteniéndose al margen de las fricciones geopolíticas.
«La estrategia marroquí ha logrado mantener la cuestión del Sáhara marroquí al margen de los conflictos internacionales, cultivando relaciones equilibradas con diversos actores internacionales», afirma Abdesslam.
Este enfoque refleja una comprensión profunda de la relación entre Europa y Estados Unidos, que exige un equilibrio entre intereses nacionales y compromisos internacionales.
Mantener este equilibrio será una tarea compleja. La prioridad para Marruecos sigue siendo preservar su independencia en la toma de decisiones, buscando asociaciones estratégicas basadas en la soberanía y la transparencia. La comunicación constante con socios europeos y estadounidenses es clave para evitar malentendidos.
Berrak Abdesslam Chadi confía en la solidez de las relaciones estratégicas de Marruecos tanto con Estados Unidos como con la Unión Europea.
«Todos los indicadores confirman que Marruecos seguirá siendo un socio fiable para los distintos ejes internacionales, al margen de cualquier alineación coyuntural o crisis pasajera», asegura.
Jaouad Kamssi, investigador en asuntos políticos internacionales, coincide en que Marruecos, gracias a sus fuertes lazos con ambas partes, no debería verse afectado negativamente por la tensión transatlántica. Sin embargo, esta situación presenta tanto retos como oportunidades.
Marruecos puede profundizar su asociación estratégica con Estados Unidos en áreas como seguridad y lucha contra el terrorismo, aprovechando el apoyo estadounidense a la soberanía marroquí sobre el Sáhara y atrayendo inversiones. Al mismo tiempo, no puede descuidar sus fuertes vínculos con la Unión Europea.
Kamssi advierte que un deterioro en las relaciones transatlánticas afectaría indirectamente a Marruecos, tanto económica como políticamente. La unidad entre Estados Unidos y Europa en temas como el Sáhara marroquí beneficia al Reino.
Ante este escenario, Marruecos mantiene una diplomacia equilibrada y realista, centrada en sus intereses nacionales, sin inclinarse por ninguna de las partes.
Esta estrategia, similar a la adoptada por Marruecos en su relación con Rusia tras la invasión de Ucrania, permite al Reino navegar las complejidades del escenario internacional.
Según Kamssi, la coyuntura actual presenta una oportunidad para que Marruecos consolide sus logros en temas clave como el Sáhara marroquí, aprovechando sus ventajas y equilibrando intereses, sin comprometer su posición futura.
