Argelia, la diplomacia del fracaso y el aislamiento en la Unión Africana

 

Rue20 Español/Rabat

El régimen militar argelino ha vuelto a cosechar un nuevo revés diplomático en su intento de recuperar un asiento en el Consejo de Paz y Seguridad de la Unión Africana (UA). La ironía no puede ser mayor: un país que ha hecho de la desestabilización de sus vecinos una estrategia de Estado pretendía sentarse en el órgano encargado de velar por la seguridad del continente. No lo ha logrado, y no por falta de intentos o maniobras de presión, sino porque su influencia en África se ha erosionado al ritmo de su decadencia interna y su aislamiento regional.

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El golpe ha sido particularmente humillante. Acostumbrado a ocupar ese puesto casi de manera permanente, Argelia se ha topado esta vez con un Marruecos que ha sabido movilizar sus alianzas estratégicas dentro de la UA. En la última ronda de votaciones, la falta de apoyo y las abstenciones han bloqueado su candidatura, forzando un aplazamiento. Una victoria para la diplomacia marroquí, que ha trabajado de manera efectiva para desenmascarar la hipocresía de un régimen que financia, arma y sostiene al Frente Polisario, una milicia separatista, mientras busca proyectarse como un actor de paz en el continente.

El avión Gulfstream del gobierno argelino ha salido de Adís Abeba, probablemente de regreso a Argel. A bordo se presume que viaja el ministro de Asuntos Exteriores, Ahmed Attaf, quien abandonó la capital etíope echando humos tras el fracaso de Argelia en su intento de obtener un puesto en el Consejo de Paz y Seguridad de la UA. Su rival, Marruecos, bloqueó eficazmente el intento, con abstenciones en la última ronda que obligaron a posponer la votación.

La verdad es que la política exterior argelina se ha convertido en una mera prolongación de su obsesión patológica contra Marruecos. En lugar de apostar por la integración económica, la cooperación regional y el desarrollo conjunto, los generales de Argel han preferido destinar ingentes recursos a la financiación de conflictos, la propaganda contra Rabat y la compra de lealtades en foros internacionales. Pero esa estrategia ya no funciona. La nueva África está cansada de los discursos ideológicos vacíos y de los regímenes anclados en el pasado.

El reciente fracaso de Argelia en la UA es otro síntoma más de su creciente aislamiento. Su tradicional influencia en la organización, basada en la retórica anti-marroquí y en la compra de apoyos diplomáticos, ha perdido efectividad frente a la realidad de un Marruecos dinámico, con una política exterior activa y centrada en el desarrollo. La diplomacia marroquí, bajo el liderazgo de SM el Rey Mohamed VI, ha sabido consolidar su posición en África con alianzas estratégicas basadas en la cooperación económica, la inversión en sectores clave y la colaboración en seguridad.

Por su parte, el régimen argelino, enclaustrado en su burbuja de propaganda y paranoia, sigue sin entender que el mundo ha cambiado. Su modelo de influencia, basado en la confrontación y el reparto de petrodólares a regímenes afines, se ha desgastado. La Unión Africana ha dejado claro que el tiempo de los discursos anacrónicos ha terminado. Cada revés diplomático que sufre Argel es una victoria para una África que apuesta por la estabilidad, la integración y el progreso.

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