Rue20 Español/Rabat
Hubo un tiempo en que la imagen de Marruecos en una Copa del Mundo se dibujaba con trazos de reciedumbre defensiva, de esperar agazapado y golpear al contragolpe.
Esa imagen quedó enterrada anoche en el Estadio BBVA de Monterrey. Los Leones del Atlas no solo vencieron a Países Bajos en una dramática tanda de penaltis (3-2) tras el 1-1 en el tiempo reglamentario, sino que firmaron un hito estadístico que cambia el relato del fútbol africano en los mundiales: un 70,1% de posesión frente a una de las escuelas históricas del fútbol europeo.
Nunca antes un combinado africano había dominado el balón de esta manera en una fase de eliminación directa del torneo. Y no fue un espejismo. Los números, fríos e incontestables, dibujan una superioridad que el marcador no supo reflejar: 11 remates contra 6, 5 a puerta frente a 2, y un 1,4 de goles esperados (xG) que dobla con creces el 0,23 de su rival, según recogen varias plataformas. Pero quizá el dato más elocuente sean esos 879 pases completados, la cifra más alta de todo el Mundial hasta la fecha.
El técnico neerlandés, Ronald Koeman, saltó al césped con una línea de cinco defensas, algo que no hacía desde marzo de 2024. Su plan era claro: contener, no especular. Para el seleccionador marroquí, Mohamed Ouahbi, esa decisión fue la mayor prueba de respeto. «No esperaba este tipo de bloque bajo porque a Países Bajos le gusta tener el balón», declaró en la rueda de prensa posterior. «Lo vi como una forma de respeto hacia nosotros».
Y es que la metamorfosis de Marruecos no es casual. Es el fruto de un proceso que arrancó en las categorías inferiores y que el propio Ouahbi conoce bien, tras haber dirigido a la sub-20. «Durante los últimos años, los jugadores marroquíes han creído en sí mismos, y los aficionados creen en nosotros». Esa fe se tradujo anoche en un control absoluto del partido, en la capacidad de imponer el ritmo y de no descomponerse ni cuando Cody Gakpo adelantó a Países Bajos en el minuto 72.
Marruecos no se vino abajo. Al contrario, apretó hasta el final y encontró el premio en el descuento de la primera parte, cuando Issa Diop, de cabeza, empató el partido. Fue su primer gol en un Mundial y le valió el premio al mejor jugador del partido. La prórroga no movió el marcador y la tanda de penaltis volvió a tener un nombre propio: Yassine Bounou. El portero, héroe ya en Qatar 2022, detuvo un lanzamiento y fue decisivo para que Ismael Saibari, el jugador que ha marcado en todos los partidos de la fase de grupos, anotara el penalti definitivo.
«Queríamos mantener la calma, jugar nuestro juego y creer que si llegábamos a los penaltis teníamos un portero excepcional», sentenció Ouahbi. «No convertimos el partido en una batalla caótica. Lo controlamos».
Ahora, el rival en octavos de final será Canadá, uno de los anfitriones. La gesta de las semifinales de 2022 ya no es un espejismo, sino un punto de partida. Marruecos ha dejado de ser la sorpresa para convertirse en una realidad del fútbol mundial. Y anoche, en Monterrey, demostró que sabe ganar de muchas maneras. También con el balón en los pies.
