Análisis. ¿Qué hay detrás de la escalada de tensión entre Argelia y Marruecos?  

El reconocimiento de la marroquinidad del Sáhara por parte de EE. UU., está detrás de la actual escalada de tensión. Argelia perdió su guerra diplomática contra Marruecos, mientras el Frente Polisario está entre dos fuegos: o aceptar el plan de autonomía regional o condenar a la población saharaui a vivir el resto de su vida en miserables campamentos

0

 

Rue20 Español/ Rabat

Mouhcine El Fezazi

Tras romper sus relaciones diplomáticas con Marruecos y anunciar que dejará de suministrar gas a España a través del Gasoducto Magreb-Europa (GME) que pasa por Marruecos, Argelia juega su última carta: cerrar su espacio aéreo en una escalada de crisis que no deja de crecer.

En el trasfondo de esta crisis, se encuentra la sombra de una rivalidad antigua y nunca resuelta, que marcó las relaciones bilaterales de Marruecos y Argelia, durante sus primeros años de independencia. A continuación, cuatro claves explicativas del origen de las diferencias entre los países vecinos y cómo pueden afectar a la estabilidad de la región.

Delimitación de fronteras:

Tras la independencia de Argelia y la retirada de los franceses, Marruecos empezó a reclamar su soberanía sobre los territorios que había ocupado Francia y anexionado ilegalmente a Argelia.

La falta de un acuerdo de demarcación precisa de las fronteras entre ambos países fue uno de los motivos que desembocaron en el estallido de la guerra de las Arenas (en 1963).

La efímera guerra terminó con una victoria militar marroquí, aunque sin ganancias territoriales. Pero el ejército marroquí pudo asestar un duro golpe moral a los argelinos.

La discordia fronteriza dio origen a una rivalidad tenaz que se agravó con el contencioso del Sáhara, al convertirse Argelia en el principal valedor y refugio del Frente Polisario ante los organismos internacionales.

Rivalidades históricas y regionales:

Argelia es una república semipresidencialista, cuyo régimen es afín ideológicamente a Rusia y China: mezcla de nacionalismo y socialismo. Los combustibles fósiles son la principal fuente de ingresos, representando aproximadamente un 60 por ciento de las rentas del Estado.

La estabilidad de su sistema económico depende en gran medida de los precios del petróleo y el gas natural. Mientras que Marruecos es una monarquía constitucional, a cuya cabeza se sitúa el Rey como jefe de Estado.

Marruecos posee un sistema económico mixto y liberal, aunque en los últimos años va siguiendo una política de diversificación económica.

Los ingresos del país provienen principalmente de agricultura, industria y servicios. Por estas razones, Argelia considera a Marruecos como su principal rival político, en una disputa sobre la hegemonía regional.

Por lo tanto, no le agrada su retorno rápido para invertir en África y cómo va ganando fuerza en el campo diplomático.

Tras volver a ocupar su puesto vacante en la Unión Africana, Marruecos va estrechando lazos económicos por toda África. El rey Mohamed VI efectuó un total de 40 viajes en el continente, desde su entronización en 1999.

Todo ello con el objetivo estratégico de afianzar su influencia económica, diplomática y religiosa.

Ahora, Marruecos se considera el primer inversor en África occidental y el segundo de todo el continente. Sus empresas marroquíes, como Maroc Telecom o el banco Attijari o la Royal Air Maroc, tienen mayor presencia en países subsaharianos. Lo cual suscita la ira de Argelia que va perdiendo cada vez más terreno diplomático y económico en África, respecto al conflicto del Sáhara.

Buscar salida hacia el Atlántico:

La causa principal que subyace en el fondo de la crisis entre los dos países vecinos es el Sáhara. Argelia sigue suministrando en silencio armas y apoyo político al Frente Polisario, que proclamó la creación de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), en 1973.

Es más, los separatistas tienen en la región argelina de Tinduf su base de operaciones, desde donde lanzan sus acometidas contra Marruecos. Argelia tiene por objetivo fundar un microestado o país satélite afín a su régimen para conseguir una salida hacia el Atlántico para exportar sus productos, sin la necesidad de pagar cuotas a Marruecos.

Por eso, El deseo de empujar a la Comunidad internacional a que reconociera la autodeterminación del Sáhara ha sido, durante cuarenta años, el primer punto de la agenda exterior de la política argelina.

Por su parte, Marruecos no cede, ni da tregua para proteger su integridad territorial. Va invirtiendo en las infraestructuras de las provincias del sur para mejorar las condiciones de vida de la población saharaui. Mientras tanto, su propuesta de plan de autonomía avanzado para el Sáhara va ganando más apoyo de la comunidad internacional, como paso previo a una solución política justa y duradera.

Desviar la atención:

Argelia sostiene una actitud pasiva y evitativa ante los problemas del país, y siempre culpa en sus discursos de todo lo malo a Marruecos.

Últimamente, va acusando a Marruecos de apoyar al partido disidente MAK que reclama la independencia de la región amazig de la Cabilia, de suministrar al islamista Rachad (ambos son acusados de estar detrás de la ola de incendios que últimamente ha asolado el país), de hackear los móviles de ciudadanos argelinos con un programa de espionaje israelí.

Pero, en realidad, Argelia solo quiere desviar la atención de sus problemas internos: El país vive una verdadera crisis económica, a causa de la crisis sanitaria y también por la caída histórica de los precios del petróleo.

Lo cual repercutió negativamente en el bienestar de la ciudadanía: inflación, pérdida de puestos de empleo, carestía de vida, …etc.

El Gobierno argelino se ve encallado ante los grandes desafíos del país. En vez de diversificar su economía y buscar nuevas fuentes de ingresos, a fin de reducir la dependencia del petróleo y el gas natural, se enfrenta con dureza las masivas protestas de los ciudadanos (Hirak) que denuncian la carestía de la vida y demandan mejoras sociales para el pueblo.

El reconocimiento de la marroquinidad del Sáhara por parte de EE. UU., está detrás de la actual escalada de tensión. Argelia perdió su guerra diplomática contra Marruecos, mientras el Frente Polisario está entre dos fuegos: o aceptar el plan de autonomía regional o condenar a la población saharaui a vivir el resto de su vida en miserables campamentos.

Mientras tanto, Marruecos tiene la mano tendida a Argelia para buscar una reconciliación y abrir una etapa inédita en sus relaciones bilaterales.

En todos sus discursos, el Rey Mohamed VI siempre llama a Argelia a superar las rivalidades históricas y discrepancias, sentarse a la misma mesa de negociación y del diálogo por el bien de los dos pueblos hermanos.

Le pide repetidamente que abra las fronteras para familias que viven separadas. Porque a los dos pueblos les une más de lo que les separa: sangre, religión e identidad árabe. Pero Argelia apenas quiere escuchar y sigue librando una guerra vil contra Marruecos y su pueblo en una escalada de crisis que no deja de crecer.

 

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.