Rue20 Español/Rabat
Lo que debía ser la consagración de una generación dorada se ha convertido en el mayor escándalo administrativo y financiero del fútbol africano en décadas. Las revelaciones del periodista de investigación Romain Molina, publicadas en su canal de YouTube, han destapado el caos interno que devoró a la selección de Senegal durante la Copa de África (CAN) 2025, celebrada en Marruecos, y su posterior travesía en el Mundial de Estados Unidos, donde cayeron eliminados en dieciseisavos de final ante Bélgica.
Mientras Marruecos celebraba con orgullo una CAN impecablemente organizada y el título conquistado en los despachos tras la controvertida retirada senegalesa, la Federación Senegalesa de Fútbol (FSF) se desangraba en una espiral de mala gestión, favoritismos y deudas que Molina no ha dudado en calificar como «la peor en términos de organización de todo el Mundial».
La revelación más rocambolesca y, para el sentir marroquí, profundamente irrespetuosa, es la supuesta presencia de 17 morabitos entre los 120 invitados oficiales que componían la delegación senegalesa en territorio marroquí durante la CAN. Según Molina, la FSF no dudó en sufragar los gastos de viaje y alojamiento de estos «invitados especiales» pese a los graves problemas financieros que ya aquejaban a la institución.
Las imágenes de la final en Rabat, donde los recogepelotas intentaron retirar una toalla del banquillo senegalés y el guardameta suplente Yehvann Diouf la protegía con desesperación, adquirieron un nuevo significado. El exseleccionador de Marruecos, Hervé Renard, ya había avisado: «Los que no conocen África no pueden entender la verdadera razón de la toalla… hay algo detrás». Las declaraciones de Molina, aunque no confirmadas oficialmente por la FSF, apuntan a prácticas que manchan el espíritu deportivo de una competición que Marruecos acogió con ejemplar hospitalidad.
El desastre no se quedó en lo anecdótico. Las dificultades económicas de la FSF son estructurales y abismales. Molina revela que la federación arrastra una deuda por el terreno de entrenamiento no pagado antes del Mundial, que asciende a la escalofriante cifra de 150 millones de euros. Esta falta de liquidez se trasladó a Estados Unidos, donde la delegación senegalesa sufrió una humillación logística: comidas y aviones muy por debajo de lo exigible para una competición de ese nivel.
La situación fue tan extrema que algunos jugadores, desbordados por la falta de alimentación adecuada en el hotel, optaron por pedir comida por su cuenta. El portero Édouard Mendy, lesionado durante el torneo, habría tenido que pagar de su propio bolsillo sus gastos médicos.
El caos institucional llegó al punto de que el seleccionador, Pape Thiaw, dirigió al equipo sin contrato ni salario, siendo destituido al término del torneo. El médico del equipo, Renaud Guiu, que mantenía una excelente relación con los jugadores y formó parte del cuerpo sanitario en Marruecos, tuvo que enviar un «requerimiento formal» a la FSF por falta de pago, decidiendo poner fin anticipadamente a su etapa ante la ausencia de contrato y salario.
Ante este panorama, Molina lanza la pregunta que resuena en el mundo del fútbol: «¿Dónde fueron a parar las primas de la CAN 2025?». Y es que, pese a la deuda millonaria y la falta de liquidez, la FSF ingresó los 10 millones de dólares correspondientes al premio de subcampeón tras la final. Una cantidad que, según las filtraciones, no ha servido para aliviar las deudas ni para pagar a los empleados, sino que ha avivado las divisiones internas y los tratos de favor hacia determinados beneficiarios.
Pero la última revelación de Molina es la más grave para la transparencia del continente. El periodista asegura que el primer veredicto sobre la final de la CAN 2025 fue alterado «contra Marruecos» antes de hacerse público. Esa primera decisión disciplinaria sancionó a ambas selecciones sin cuestionar inicialmente al ganador senegalés. Fue solo tras el segundo recurso cuando la CAF proclamó campeón a Marruecos por incomparecencia, tras la salida de los jugadores senegaleses del terreno de juego.
«Si las afirmaciones de Molina fueran respaldadas por pruebas concretas, podrían tener un gran impacto en la percepción de este asunto y en la confianza depositada en los procedimientos disciplinarios del fútbol africano», señala el portal Afrique Sports.
Mientras Marruecos refuerza su estatus como potencia organizadora y deportiva, el caso senegalés es un espejo de las miserias que aquejan al fútbol del continente. La gestión de la FSF, salpicada por el tráfico de entradas, el impago a los trabajadores y el despilfarro en invitaciones mientras los jugadores pasaban hambre en el Mundial, ha dejado una imagen deplorable.
Las autoridades marroquíes y la FRMF han mantenido una ejemplar línea de transparencia y profesionalidad, contrastando con el caos revelado por Molina. Mientras la FSF se debate en sus problemas internos, la afición marroquí puede sentirse orgullosa de un título ganado con honor en el terreno de juego y, finalmente, con justicia en los despachos ante el boicot de su rival.
