Rue20 Español/Madrid
La crisis política y mediática provocada por las declaraciones del expresidente del Gobierno español Mariano Rajoy sobre la selección francesa de fútbol continúa escalando en Francia. Este lunes, el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, se sumó a las críticas institucionales al afirmar que «Francia no tiene color de piel» y que cualquier afirmación en sentido contrario constituye «una estupidez, racismo o una combinación de ambas cosas».
El jefe de la diplomacia francesa defendió que la selección nacional representa «el mejor rostro de Francia», al considerar que simboliza un país diverso y unido, respaldado por ciudadanos de todos los orígenes. Asimismo, expresó su confianza en que la mejor respuesta a la polémica llegará sobre el terreno de juego durante la semifinal del Mundial frente a España.
Las declaraciones de Barrot refuerzan la posición adoptada por el Ejecutivo francés, que ya había calificado como «absolutamente inaceptables» las palabras de Rajoy, después de que este afirmara en una columna de opinión que la selección francesa juega «sin franceses», pese a que la inmensa mayoría de sus futbolistas nació en territorio francés.
La reacción ha trascendido el ámbito gubernamental y ha reunido a representantes de distintas fuerzas políticas e instituciones del país. Entre ellos figuran el ministro del Interior, Laurent Nuñez; la ministra delegada Éléonore Caroit; el líder socialista Olivier Faure; el dirigente comunista Fabien Roussel; la presidenta de la región de Île-de-France, Valérie Pécresse, y el presidente de la Federación Francesa de Fútbol, Philippe Diallo, quien denunció que las declaraciones desprenden «un tufo de racismo intolerable».
Los datos oficiales contradicen las afirmaciones del exdirigente español. De los 26 jugadores convocados por Didier Deschamps para el Mundial, 23 nacieron en Francia. Solo Michael Olise, Marcus Thuram y Brice Samba nacieron fuera del país, aunque todos representan legalmente a la selección francesa.
Este debate, en general, resulta familiar también para Marruecos, cuya selección nacional está integrada por numerosos futbolistas nacidos en países europeos e hijos de la diáspora marroquí. Y lejos de cuestionar su identidad, este modelo ha sido considerado por Rabat como una fortaleza estratégica que ha permitido consolidar a los Leones del Atlas entre las principales potencias del fútbol internacional y reforzar el vínculo entre el Reino y las comunidades marroquíes residentes en el extranjero.
