Marruecos ante su gran oportunidad agrícola

 

Rue20 Español/Rabat

El Abbas Tahri Joutey Hassani

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Un nuevo análisis internacional sitúa al Reino entre los beneficiarios de la reordenación climática del sector hortofrutícola, aunque el reciente desplome de las exportaciones de fresa muestra que la ventaja no está garantizada.

Marruecos aparece citado como uno de los países que más terreno competitivo ha ganado en el sector mundial de frutas y hortalizas durante el último lustro, gracias a su cercanía al mercado europeo, sus costes laborales moderados y sus inversiones en riego y agricultura protegida.

Así lo recoge un análisis reciente de la plataforma especializada EastFruit, que retoma datos de Agricultura.it, en un momento en que el cambio climático empieza a pesar tanto como el propio suelo agrícola a la hora de definir qué países producen y exportan con éxito.

El punto de partida es la magnitud del daño ya causado. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los desastres naturales han provocado pérdidas de 3,26 billones de dólares en la agricultura mundial entre 1991 y 2023, de los cuales 2.800 millones de toneladas correspondieron solo al sector de frutas y hortalizas.

Para los productores, el golpe ya no se limita a la merma de cosechas. Cada vez pesa más el encarecimiento de la adaptación: sistemas de riego, redes antigranizo, seguros, cámaras frigoríficas y mano de obra. Kateryna Zvierieva, analista internacional y responsable de la plataforma EastFruit, resume esta transformación señalando que las sacudidas climáticas se han convertido en un factor estructural que condiciona las decisiones de inversión en toda la cadena de valor del sector, con un impacto directo sobre la rentabilidad y la competitividad a largo plazo de las empresas.

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La presión es especialmente visible en Europa. El Banco Europeo de Inversiones (BEI) calcula que los fenómenos meteorológicos extremos cuestan ya a la agricultura comunitaria unos 28.000 millones de euros al año, en torno al 6 % del valor de la producción agrícola y ganadera de la Unión, una cifra que en los escenarios climáticos más severos podría dispararse hasta un 66 % adicional de aquí a 2050. La Agencia Europea de Medio Ambiente añade que la sequía concentra ya el 54 % de las pérdidas agrícolas del continente, muy por delante de las lluvias torrenciales (21 %), las heladas (16 %) y el granizo (9 %).

A escala global, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) constata que la superficie afectada por sequía se ha duplicado desde 1900, y que solo en 2025 casi el 30 % de las tierras del planeta sufrieron condiciones de aridez. En ese contexto, el acceso al agua de riego amenaza con desplazar a la disponibilidad de tierra cultivable como principal ventaja competitiva del sector de aquí a 2030, según sostiene Zvierieva.

Esa dinámica ya está golpeando a España, Italia y Grecia, donde las olas de calor recurrentes y la escasez hídrica encarecen la producción de frutos rojos, cítricos y hortalizas, erosionando los márgenes incluso cuando el volumen cosechado se mantiene estable. Frente a ese retroceso del sur de Europa, Marruecos y Egipto son señalados como los grandes ganadores de los últimos cinco años, al haber dejado de competir únicamente en precio para hacerlo también en eficiencia, infraestructura y estrategia exportadora.

En el caso marroquí, el crecimiento se concentra en los berries, el tomate y los cítricos, apoyado en la proximidad al mercado europeo, unos costes laborales competitivos y una apuesta creciente por el riego tecnificado y los invernaderos. El análisis considera a Marruecos uno de los modelos de exportación hortofrutícola más eficientes del Mediterráneo.

Sin embargo, el propio sector marroquí ofrece en estos días un ejemplo de que esa ventaja no está exenta de riesgos. Las exportaciones de fresa fresca acaban de cerrar su cuarta campaña consecutiva a la baja: entre octubre de 2025 y abril de 2026 se enviaron al exterior 8.700 toneladas, la mitad que el año anterior y un mínimo histórico, según datos de EastFruit.

Detrás de ese desplome se combinan la competencia en precio de Egipto, el agotamiento de los acuíferos y la salinización de suelos en las zonas costeras de cultivo, la emigración de mano de obra hacia España y unas inundaciones que en el Gharb y el Loukkos destrozaron túneles e infraestructuras. Como consecuencia, cooperativas e inversores están reorientando capital hacia el arándano, la mora y el aguacate, mientras la fresa congelada bate récords de envíos a Estados Unidos.

Ese doble escenario —avance exportador y estrés hídrico simultáneos— ilustra bien la advertencia que la propia Zvierieva dirige a los países mejor posicionados: «Incluso exportadores tan consolidados como Marruecos afrontan una presión creciente sobre sus recursos hídricos».

La respuesta del Estado marroquí pasa por una revisión a fondo de su Plan Nacional del Agua, que combina la construcción de nuevas presas con una apuesta decidida por la desalinización —con el objetivo de que el 60 % del agua potable del país proceda del mar hacia 2030— y con los llamados «autopistas del agua», conductos que trasvasarán excedentes de las cuencas del norte hacia el sur, más árido. A ello se suma la modernización del riego agrícola, sector que hoy concentra la mayor parte del consumo hídrico nacional, con el fin de reducir su huella de agua sin sacrificar la producción.

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De la velocidad con que se ejecuten estas infraestructuras dependerá, en buena medida, que Marruecos consiga transformar en ventaja duradera lo que hoy los analistas internacionales describen como una oportunidad histórica para su agricultura de exportación.

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