Rue20 Español/Rabat
Los Leones del Atlas ya tienen enfrente el siguiente peldaño de su Mundial. Tras superar a Países Bajos en la tanda de penaltis con goles de Soufiane Rahimi, Chemsdine Talbi e Ismael Saibari, mientras fallaban Neil El Aynaoui y Achraf Hakimi, la selección nacional se cita este sábado 4 de julio con Canadá en el NRG Stadium de Houston, en un cruce que promete ser el más simbólico de estos octavos de final por el pasado compartido entre ambos combinados.
No es la primera vez que estos dos equipos se cruzan en una Copa del Mundo. El precedente de Catar 2022 sigue presente en la memoria colectiva de ambas aficiones, y ahora el reencuentro llega en un contexto radicalmente distinto: Marruecos defiende el prestigio ganado tras su histórica cuarta plaza en aquel torneo, mientras que Canadá, coanfitrión de esta edición, vive su mejor Mundial desde que debutó en la máxima cita en 1986.
El sorteo no ha pasado inadvertido al otro lado de la frontera. Varios medios de referencia en Canadá han dedicado amplios análisis al duelo, reconociendo en Marruecos al rival más exigente que ha encontrado «Les Rouges» en el torneo.
The Globe and Mail resumió el desnivel técnico entre ambos conjuntos asegurando que Canadá «necesita un milagro para derrotar a Marruecos».
Por su parte, CBC Sports describió el compromiso como un choque «contra uno de los gigantes del fútbol moderno», mientras que Sportsnet, desde una óptica más psicológica, se preguntó por qué su selección no debería sentirse presionada pese a enfrentarse a un rival calificado abiertamente como «temible».
TSN, por último, puso el acento en la brecha de ranking FIFA entre ambas selecciones como factor determinante de cara al partido de eliminación directa.
Ningún nombre concentra tanta atención mediática en la previa como el del guardameta Yassine Bounou. Nacido en Montreal el 5 de abril de 1991, hijo de un ingeniero marroquí que emigró a Quebec, el portero posee también la ciudadanía canadiense, aunque nunca ha declarado su intención de jugar con la selección de ese país. Su familia regresó a Casablanca cuando él tenía apenas tres años, y desde entonces su carrera ha estado ligada por completo a los colores nacionales marroquíes.
Bounou llega a este partido en un momento de forma notable: fue pieza clave para frenar a Países Bajos desde los once metros y ya había sido determinante en Catar 2022, cuando detuvo dos penaltis en la tanda contra España en los octavos de final. Para buena parte de la prensa canadiense, enfrentarse a un portero nacido en su propio país, y que hoy representa al rival, añade una capa emocional inevitable al partido.
El capitán Achraf Hakimi encabeza una nómina que combina experiencia mundialista con el ímpetu de futbolistas más jóvenes. El lateral del PSG tuvo ocasiones claras ante los neerlandeses —incluido un remate que pegó en el travesaño en el minuto 52— y buscará ahora reivindicarse tras haber fallado su lanzamiento en la tanda decisiva. Junto a él, nombres como Ismael Saibari, autor del penalti que certificó el pase a octavos, o Ayyoub Bouaddi, refuerzan un mediocampo que combina y presiona con solvencia.
Más allá de la táctica, el partido del sábado tiene un componente identitario particular: un guardameta nacido en Canadá defendiendo la portería marroquí, frente a un país que organiza el torneo en casa y sueña con su primera clasificación a cuartos de final en la historia. Para Marruecos, avanzar significaría seguir construyendo sobre la base dejada en Catar 2022; para Canadá, sería la confirmación definitiva de su salto de nivel como potencia emergente del fútbol norteamericano.
