Rue20 Español/Rabat
El Gobierno de Abdelmadjid Tebboune ha lanzado una ofensiva diplomática en dos flancos contra la Unión Europea. El propio presidente ha calificado de «anormales» las cuotas que lastran las exportaciones de acero argelino al mercado europeo, en un discurso pronunciado durante la inauguración de la Feria Internacional de Argel, según varias fuentes.
La luna de miel energética entre Argelia y la Unión Europea enfrenta su mayor tormenta en años. Lo que hasta ahora era un flujo constante de gas hacia el sur de Europa se ha topado con un muro regulatorio que Argel considera inasumible, mientras el acero argelino ve cerradas las puertas del viejo continente.
El frente más candente se abrió el pasado 23 de junio, cuando Argelia rubricó una carta abierta dirigida a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y al presidente del Consejo Europeo, António Costa. El objetivo: forzar una revisión del Reglamento Europeo sobre Emisiones de Metano (EUMR), que a partir de enero de 2027 impondrá estrictas obligaciones de medición, notificación y verificación a todos los exportadores de petróleo y gas.
El ministro de Estado de Hidrocarburos, Mohamed Arkab, ha defendido personalmente esta iniciativa, advirtiendo de que las exigencias europeas son «imposibles de satisfacer en los plazos previstos» para una parte sustancial de las exportaciones. En su intervención, Arkab ha insistido en la necesidad de «conciliar los objetivos de sostenibilidad ambiental con los imperativos de la seguridad energética», un equilibrio que, a su juicio, Bruselas está ignorando.
Las declaraciones del presidente reflejan el hartazgo de Argelia ante un sistema de salvaguardia que, en la práctica, somete los excedentes de exportación a aranceles que pueden alcanzar el 25% una vez superados los límites permitidos.
El pulso, sin embargo, se anuncia largo. Bruselas, por ahora, se mantiene firme en sus exigencias climáticas y comerciales, mientras el reloj avanza inexorablemente hacia el 1 de enero de 2027. Argelia, que ha hecho de la seguridad energética europea un pilar de su política exterior, parece dispuesta a jugar todas sus cartas para no quedar atrapada en lo que considera un cerrojo regulatorio inasumible.
