Rue20 Español/Rabat
El desplazamiento del presidente de la FIFA a Argelia, inicialmente de carácter técnico, deriva en una narrativa política que suscita interrogantes sobre la estrategia comunicativa del poder.
La reciente visita de Gianni Infantino a Argelia ha desatado una inusual secuencia mediática en torno a Abdelmadjid Tebboune, en un contexto marcado por desafíos diplomáticos y económicos para el país magrebí. Lo que debía ser una etapa institucional centrada en el desarrollo del fútbol ha terminado envuelto en una narrativa política que ha generado perplejidad en distintos ámbitos.
El viaje del presidente de la FIFA se enmarcaba, en principio, en la inauguración de un centro técnico en Tlemcen, un proyecto financiado por el organismo rector del fútbol mundial con el objetivo de fortalecer la formación y detección de talento en el continente africano. Acompañado por figuras como Arsène Wenger, el desplazamiento respondía a una agenda técnica y de cooperación deportiva.
Sin embargo, el tono cambió tras declaraciones de Mustapha Berraf, quien afirmó que Infantino se encontraba en Argel para “recibir instrucciones y recomendaciones” del presidente argelino. Una formulación que ha sido interpretada como una exageración del alcance real de la visita, en la medida en que la FIFA, como institución internacional, opera bajo principios de autonomía respecto a los gobiernos.
Más allá de la controversia semántica, la secuencia revela el esfuerzo de las autoridades argelinas por proyectar una imagen de centralidad e influencia en la escena internacional, recurriendo al deporte como vector de visibilidad.
En un momento en que el país busca recomponer su posicionamiento regional, el fútbol aparece como un terreno propicio para generar impacto mediático y movilizar la opinión pública.
En términos concretos, la agenda del dirigente de la FIFA incluyó actos protocolarios habituales: reuniones institucionales, intercambio de obsequios simbólicos —entre ellos una réplica de la Copa del Mundo— y la correspondiente cobertura oficial. Un esquema clásico en este tipo de visitas, sin indicios de un contenido político excepcional.
La distancia entre los hechos observables y la narrativa promovida por ciertos actores locales pone de relieve una estrategia comunicativa que apuesta por magnificar acontecimientos de alcance limitado. Este enfoque responde a la necesidad de compensar un déficit de influencia percibido en otros frentes.
Mientras tanto, el desarrollo del fútbol africano sigue su curso a través de iniciativas estructurales impulsadas por la FIFA y sus socios regionales. En ese marco, el episodio de Argel ilustra hasta qué punto el deporte puede convertirse en un espacio de disputa simbólica, donde la percepción y el relato adquieren un peso tan relevante como los propios hechos.
