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La redefinición de las reglas de origen en la Zona de Libre Comercio Continental Africana (ZLECAf) abre una nueva etapa para la industria automotriz del continente, al introducir un criterio unificado de “Made in Africa” que reconfigura las dinámicas de producción y comercio entre países africanos.
El acuerdo, adoptado en febrero de 2026, establece que al menos el 40% del valor de un vehículo deberá generarse en África para beneficiarse de ventajas arancelarias, permitiendo hasta un 60% de insumos externos. Esta medida busca despejar la incertidumbre normativa que durante años limitó la creación de cadenas de valor regionales en el sector.
De acuerdo con un análisis de BMI, filial de Fitch Solutions, esta clarificación favorece de forma inmediata a los países con ecosistemas industriales más avanzados. En este grupo, Marruecos destaca por su peso en la producción continental, al concentrar cerca de la mitad del volumen total en 2025, por delante de Sudáfrica y muy por encima de otros mercados como Argelia o Egipto.
El posicionamiento del Reino responde a una política industrial sostenida, que ha permitido atraer fabricantes internacionales, desarrollar plataformas logísticas competitivas y consolidar un tejido de proveedores con fuerte vocación exportadora.
Las nuevas reglas podrían actuar como catalizador de crecimiento para el conjunto del continente. Las previsiones de BMI apuntan a una expansión de la producción del 6,4% en 2026, con un volumen estimado de 1,5 millones de vehículos, y una progresión sostenida hasta los 2,2 millones en 2035. En paralelo, el mercado automotriz africano registraría un aumento medio anual de las ventas del 5,7%, condicionado a la aplicación efectiva de los mecanismos previstos por la ZLECAf.
No obstante, el despliegue del acuerdo no será homogéneo. El informe subraya que los beneficios iniciales tenderán a concentrarse en los polos industriales consolidados, mientras que economías emergentes como Kenia o Ghana afrontan retos estructurales en inversión, formación y desarrollo de capacidades productivas.
A pesar de estas brechas, el nuevo marco también abre vías de integración gradual para estos mercados, especialmente mediante su inserción en segmentos específicos de la cadena de valor, como la producción de componentes o el suministro de materias primas.
El estudio contempla distintos ritmos de implementación del acuerdo, desde escenarios de baja adopción hasta una integración plena del mercado continental. Entre ambos extremos, el escenario más probable prevé una utilización parcial de las preferencias comerciales, en línea con experiencias internacionales como las de la Unión Europea o la ASEAN, donde la coordinación institucional y la eficiencia aduanera han sido factores determinantes.
