Rue20 Español/Rabat
Marruecos concluye un año 2025 marcado por decisiones políticas y diplomáticas de calado histórico, consolidando su influencia regional y reforzando su proyección internacional.
Desde el Sáhara hasta Europa y África, el Reino avanzó en múltiples frentes, combinando diplomacia, desarrollo económico y poder blando cultural y deportivo.
El punto de inflexión llegó el 31 de octubre, cuando el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 2797, reconociendo la iniciativa de autonomía marroquí como la única referencia práctica para resolver el expediente del Sáhara.
La resolución, aprobada con 11 votos a favor y 3 abstenciones (Rusia, China y Pakistán) —sin ningún voto en contra y con la ausencia de Argelia—, no solo prorrogó el mandato de la MINURSO por un año, sino que colocó la propuesta de autonomía como la única “solución realista, seria y creíble” frente a la tesis del presunto ‘referéndum’, prácticamente descartada en el debate internacional.
El reconocimiento se cimentó en una década de trabajo diplomático, reforzado por apoyos bilaterales clave: Washington, Londres y Bruselas alinearon su posición con la de Rabat; mientras que la administración estadounidense consolidó su respaldo a la Autonomía a través de declaraciones oficiales y cartas presidenciales vinculadas a proyectos de desarrollo e inversión en el sur marroquí.
Europa, por su parte, combinó la gestión de complejidades legales con la necesidad estratégica de mantener a Marruecos como socio indispensable en migración, seguridad, energía y comercio.
La Unión Europea aprobó la continuidad de los acuerdos agrícolas y avanzó en la reapertura de negociaciones sobre pesca, mostrando un equilibrio entre derecho y pragmatismo político.
Más allá de Nueva York y Bruselas, Marruecos consolidó su influencia en África y el Atlántico. La iniciativa, trazada por SM el Rey Mohamed VI en 2023, comenzó a materializarse en 2025 con proyectos concretos: la potenciación del puerto atlántico de Dajla, la creación de corredores logísticos hacia países del Sahel y el gasoducto Nigeria-Marruecos.
Estas acciones convierten al Reino no solo en un vecino estratégico, sino en un socio central para el desarrollo económico regional, ofreciendo al Sahel una salida marítima y un nuevo eje de crecimiento.
El año también fue significativo en términos de poder blando. La organización de la Copa Africana de Naciones 2025 en Marruecos y el reconocimiento del caftán marroquí como patrimonio cultural inmaterial de la UNESCO consolidaron la imagen de un país capaz de gestionar grandes eventos y de proyectar su identidad cultural en escenarios internacionales.
Al cierre de 2025, Marruecos no solo acumula reconocimientos diplomáticos y avances políticos: ha logrado posicionar el Sáhara como un eje de estrategia y desarrollo, ha reforzado su papel como socio atlántico y africano, y ha convertido su política exterior en una narrativa de estabilidad, capacidad y proyección global.
