Rue20 Español/Ciudad de México
Por Moisés Amselem Elbaz*
Hoy, tras el reciente y trascendental discurso de Su Majestad el Rey Mohamed VI —que Dios le asista—, no podemos sino reflexionar sobre el legado imborrable de dos soberanos que han marcado el destino de Marruecos con visión, coraje y una profunda conexión con su pueblo.
Hassan II: El Arquitecto de la Unidad
Su Majestad el Rey Hassan II —que Dios le tenga en Su Gloria Eterna— no fue solo un monarca; fue un estadista de talla mundial, un estratega que supo leer el momento histórico con valentía excepcional. Fue él quien, en 1975, concibió y lideró la Marcha Verde, una movilización pacífica y masiva que demostró al mundo la determinación inquebrantable del pueblo marroquí por recuperar su territorio sur. No fue un acto de fuerza bruta, sino de fe, convicción y diplomacia inteligente.
Hassan II entendió que la unidad territorial no era solo una cuestión de mapas, sino de identidad, dignidad y soberanía. Su liderazgo sentó las bases de lo que hoy es una realidad irreversible: el Sáhara es y será siempre marroquí.
Mohamed VI: La Sabiduría de la Continuidad
Su Majestad el Rey Mohamed VI heredó no solo un trono, sino una causa nacional y una responsabilidad histórica. Con inteligencia, pragmatismo y una visión moderna de la diplomacia, ha sabido consolidar lo iniciado por su padre y llevar la cuestión del Sáhara a un escenario internacional favorable.
Bajo su reinado, la Iniciativa de Autonomía se ha convertido en la propuesta más seria, realista y apoyada a nivel global. Más de dos tercios de los países de la ONU la respaldan, y potencias como Estados Unidos, Francia, España y la Unión Europea reconocen la soberanía marroquí sobre sus provincias del sur.
Pero quizás lo más admirable de Mohamed VI es su tono conciliador. En su discurso no hubo triunfalismo, sino un llamado al reencuentro, al diálogo con Argelia y a la integración de todos los saharauis en el seno de una nación unida y diversa. Es la sabiduría de quien prefiere construir puentes en lugar de muros.
Corolario: Legado que Perdura
Hassan II tuvo la valentía de plantar la bandera. Mohamed VI ha tenido la sabiduría de hacerla ondear con respeto y reconocimiento internacional. Juntos, padre e hijo, han escrito —y siguen escribiendo— una de las páginas más coherentes y exitosas de la historia contemporánea de Marruecos.
Hoy, gracias a ambos, Marruecos no solo ha cerrado un conflicto artificial, sino que se consolida como un actor estable, moderado y clave en el Magreb y en África. Un país que mira al futuro sin olvidar sus raíces, y que honra a sus líderes no solo con palabras, sino con hechos.
*Colaborador.
