Rue20 Español/ Madrid
Abdelhamid Beyuki*
Los cambios políticos en España, en particular la posible llegada al poder del Partido Popular (PP) y su eventual acercamiento o alianza con la extrema derecha representada por Vox, plantean serias interrogantes sobre el futuro de las relaciones hispano-marroquíes. La complejidad de asuntos como la inmigración irregular, la nueva posición de España sobre el Sahara y la cuestión de Ceuta y Melilla hace que las posturas de cualquier nuevo gobierno tengan un impacto directo en Marruecos.
Para comprender las posibles repercusiones de este escenario, conviene distinguir entre la naturaleza de las dos derechas en España.
El Partido Popular representa una corriente conservadora tradicional, basada en la economía de mercado, la defensa de la unidad del Estado y los valores tradicionales. Sin embargo, ha mostrado cierto grado de pragmatismo en política exterior, los gobiernos que encabezó, pese a crisis recurrentes con Marruecos, no dudaron en mantener abiertos los canales de cooperación con el país vecino en materia de seguridad, migración y comercio.
Vox, por su parte, es un partido emergente con un discurso nacionalista y populista de extrema derecha. Defiende posiciones muy duras frente a la inmigración, especialmente la procedente del norte de África, y subraya de forma reiterada la “españolidad” de Ceuta y Melilla, rechazando cualquier debate sobre su futuro. Sus dirigentes no esconden sus reservas hacia la asociación con Marruecos, reclaman un mayor control fronterizo y abogan por una política intransigente respecto a las dos ciudades, lo que convierte su eventual participación en el gobierno en un factor de inquietud para las relaciones bilaterales.
El retroceso de la confianza en los partidos tradicionales y el ascenso de Vox han empujado al PP a endurecer su discurso en temas de inmigración, identidad y unidad territorial, en un intento por frenar la fuga de votantes hacia la extrema derecha. Este “desplazamiento hacia la derecha” reduce la distancia en el discurso político entre PP y Vox y abre la puerta a pactos tanto locales como nacionales, como ya ha sucedido en varios gobiernos autonómicos(Castilla la Mancha, Murcia, Extremadura, Palma de Mayorca..).
En el caso de Ceuta y Melilla, es previsible que cualquier coalición entre la derecha y la extrema derecha adopte un discurso mucho más rígido, con un rechazo frontal a reconocer el carácter colonial de ambas ciudades o a plantear la posibilidad de negociación sobre ellas. Incluso cabe anticipar episodios de escalada política y mediática contra Marruecos cada vez que el tema salga a la luz.
En materia migratoria, Vox insiste en lo que denomina la “amenaza demográfica”, proponiendo el cierre de fronteras y un control más severo. Esta postura presiona al Partido Popular a adoptar políticas menos flexibles en la cooperación con Marruecos, lo que podría dificultar los habituales acuerdos basados en la reciprocidad, control marroquí de los flujos migratorios a cambio de concesiones económicas o políticas por parte de España y la Unión Europea.
En el ámbito europeo, Vox probablemente reforzará sus alianzas con las fuerzas de extrema derecha en ascenso en el continente europeo, lo que podría endurecer la posición española dentro de la UE en cuestiones migratorias y repercutir negativamente en la relación de Marruecos con las instituciones comunitarias.
No obstante, en el PP persiste la conciencia de la importancia estratégica de mantener canales de cooperación con Marruecos en ámbitos como el comercio, la lucha contra el terrorismo o la seguridad energética. Pero estas dinámicas corren el riesgo de volverse frágiles, más expuestas a crisis repentinas o tensiones artificialmente provocadas por la presión populista.
En cuanto a la cuestión del Sáhara, es previsible que España mantenga su posición actual, estrechamente vinculada a sus intereses estratégicos y en sintonía con la postura de Estados Unidos, primero bajo Trump y luego con Biden. Por ello, un retroceso en este terreno parece poco probable, incluso con un eventual gobierno de coalición de derechas en Madrid.
En definitiva, el ascenso de la derecha española y la posibilidad de su alianza con la extrema derecha complicarán la gestión de los expedientes sensibles con Marruecos, sobre todo aquellos de gran carga simbólica ligados a la identidad y la soberanía (Ceuta, Melilla, inmigración). Aunque las interdependencias estratégicas seguirán empujando hacia la cooperación, aunque el discurso populista y radical amenaza con volver esa cooperación menos estable y más vulnerable a tensiones recurrentes..
*Experto en las relaciones hispano-marroquíes.
