México en la encrucijada geoeconómica: Inspiración en Marruecos para construir un modelo basado en ‘I+D+i’

Rue20 Español/ Ciudad de México

Por Moisés Amselem Elbaz*

 

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Un dilema aparentemente binario: complacer a Estados Unidos o acercarse a China

La tensión entre Estados Unidos y China ha transformado el tablero comercial global, colocando a México en una posición crítica: seguir siendo un eslabón pasivo en las cadenas de valor o reinventarse como una economía innovadora y autónoma. Sin embargo, existe una tercera vía, inspirada en el propio ascenso chino: dejar de ser un país dependiente de la manufactura barata y apostar por la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i). México tiene la capacidad, pero le falta la voluntad estratégica.

La trampa de la dependencia

México ha crecido bajo un modelo extractivo: importa componentes chinos, ensambla productos y los exporta a Estados Unidos con ventajas arancelarias del T-MEC. Esto le ha dado empleo, pero no desarrollo. En 2024, el 21% de sus importaciones provienen de China (más de $120 mil millones), y su economía depende en un 80% del comercio con EE.UU. Este esquema es insostenible. Estados Unidos exige ahora restringir los insumos chinos, mientras China busca expandir su influencia tecnológica. Si México no redefine su rol, quedará atrapado entre dos gigantes, sin control sobre su futuro.

Lecciones de China: De la imitación a la innovación

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China no se convirtió en potencia por ser «la fábrica del mundo», sino por invertir masivamente en I+D+i. Entre 2000 y 2020, elevó su inversión en ciencia del 0.9% al 2.4% del PIB, creando empresas líderes en telecomunicaciones, energía limpia y inteligencia artificial. México, en cambio, destina solo el 0.3% del PIB a I+D, según la OCDE. El resultado es claro: mientras China exporta tecnología, México sigue exportando mano de obra.

México tiene potencial, pero le faltan políticas audaces

El país cuenta con ventajas inexploradas:
1. Capacidad industrial: Sectores como automotriz y aeroespacial muestran que puede integrar cadenas complejas.
2. Talento joven: El 60% de su población tiene menos de 35 años, pero solo el 16% de los universitarios estudian ingenierías.
3. Ubicación geográfica: Podría ser un puente entre Asia y América, no solo en logística, sino en transferencia tecnológica.

Sin embargo, sin políticas claras, estas ventajas se diluyen. Ejemplo: la industria automotriz mexicana importa el 70% de los componentes electrónicos, según la AMIA.

México y Marruecos comparten circunstancias similares:

Economías emergentes, vecindad con bloques económicos poderosos (UE y EE.UU.) y una histórica dependencia de un solo mercado. Pero hay una diferencia crucial: Marruecos ha ejecutado una estrategia agresiva para diversificar sus mercados, industrializarse aceleradamente y reducir el yugo de las potencias. Desde 2010, el país magrebí atrajo inversiones en sectores como automoción y aeronáutica, creó parques tecnológicos (como Casablanca Smart City) y elevó su inversión en I+D+i al 0.8% del PIB (aún bajo, pero duplica el mexicano). Además, firmó acuerdos comerciales con 54 países, incluidos EE.UU. y China, evitando atarse a la UE. El resultado: hoy es el primer exportador de vehículos a Europa y un hub de energías renovables en África.

Esta comparación no es casual: demuestra que incluso economías medianas, con recursos limitados, pueden redefinir su rol global mediante una planificación audaz. México, con mayores ventajas estructurales, no tiene excusa para no seguir un camino similar.

Hacia un modelo de I+D+i: Propuestas concretas

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1. Reforma educativa con enfoque STEM: Vincular universidades y empresas para formar especialistas en áreas estratégicas (inteligencia artificial, energías renovables, biotecnología).
2. Incentivos fiscales para la innovación: Crear un régimen fiscal preferencial para empresas que inviertan en I+D y generen patentes. Corea del Sur aplicó esto en los 90, y hoy es referencia global.
3. Fondo soberano tecnológico: Financiar startups y proyectos de alto riesgo con capital público-privado, emulando el éxito de Israel.
4. Diversificación comercial: Reducir la dependencia de EE.UU. impulsando acuerdos con la Alianza del Pacífico, la UE y el Sudeste Asiático, tal como hizo Marruecos.
5. Negociar el T-MEC con visión de futuro: En 2026, México debe exigir cláusulas que favorezcan la integración de tecnología local, no solo ensamblaje.

Riesgos y críticas:¿Es realista?

Sí, pero requiere voluntad política. Invertir en I+D+i implica sacrificios a corto plazo: menos recursos para subsidios tradicionales, resistencia de sectores acostumbrados al modelo maquilador. Además, Estados Unidos podría oponerse a un México más autónomo. No obstante, el mayor riesgo es no intentarlo: sin innovación, México seguirá siendo vulnerable a crisis externas y a la automatización que desplazará millones de empleos manuales.

Soberanía tecnológica o dependencia perpetua

México no necesita elegir entre China y EE.UU., sino entre seguir siendo un país reactivo o convertirse en uno visionario. La renegociación del T-MEC en 2026 es una oportunidad para exigir condiciones que apoyen la innovación (por ejemplo, cuotas de contenido tecnológico local). El momento es ahora: mientras el mundo se divide en bloques, México debe construir su propio camino, como hicieron China, Corea o Finlandia. La meta no es dejar de ser socio de EE.UU., sino dejar de ser su empleado. El desarrollo no se regala: se construye con inversión, educación y audacia.

*Colaborador con Rue20.

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