Rue20 Español/Rabat
En medio de una espiral de violencia que sigue golpeando al Sahel, el gobierno de Mali ha lanzado una acusación contundente; detrás de la expansión del terrorismo en la región se encontraría el apoyo velado de Argelia.
Durante una conferencia internacional celebrada en Sevilla, el primer ministro maliense, Abdoulaye Maïga, denunció «más de una década de terrorismo impuesto» gracias a un respaldo extranjero que, aunque no lo nombró directamente, apunta claramente a Argel.
No es la primera vez que Bamako alza la voz. A inicios de este año, el gobierno maliense ya había advertido sobre la persistencia de actos de injerencia por parte de Argelia, acusándola incluso de ofrecer refugio y apoyo logístico a grupos extremistas que alimentan el caos en la región.
Esta supuesta complicidad no afecta solo a Mali, sino que amenaza también a países como Mauritania y Senegal a causa de la propagación de redes terroristas que, según Bamako, se benefician de fondos y respaldo más allá de las fronteras.
Para hacer frente a esta situación, Mali refuerza su apuesta por la Alianza de Estados del Sahel (AES), que comparte con Níger y Burkina Faso. Juntos buscan blindar su soberanía y poner fin a toda forma de injerencia, alejándose de la CEDEAO, organización que consideran demasiado alineada con intereses externos, especialmente franceses.
En un mensaje claro, Mali advierte a Argelia que deje de utilizar su territorio como palanca de prestigio diplomático. «La lucha contra el terrorismo es un asunto que solo nos pertenece a nosotros y a nuestros aliados», recalca Bamako.
Así, en pleno corazón del Sahel, los Estados miembros de la AES quieren recuperar el control de su destino, convencidos de que solo poniendo fin a las influencias externas podrán devolver la paz y la esperanza a millones de personas que, cada día, siguen resistiendo a la violencia.
