Rue20 Español/Rabat
Argelia vuelve a las andadas. Esta vez ha decidido utilizar el nombre de Ghana para dar la impresión de que su tesis sobre el Sáhara gana apoyos en África. Pero basta leer lo que se ha dicho —y lo que no— para entender que estamos ante otro montaje.
Según la versión que han difundido los medios oficiales argelinos, Ghana habría coincidido con Argel en la necesidad de una solución que garantice el «derecho a la autodeterminación». Lo presentan como si Accra hubiera dado un giro, cuando en realidad nada ha cambiado. Todo parte de una visita del ministro ghanés Samuel Okudzeto Ablakwa a Argel. Hubo reuniones, sí. Se habló de cooperación en distintos sectores, también. Pero no hubo ningún cambio en la posición de Ghana sobre el Sáhara.
Lo curioso es que Argelia decide ignorar —consciente y deliberadamente— lo que Ghana comunicó en enero de este mismo año: que suspendía sus relaciones con la seudo «RASD» y que apoyaba los esfuerzos serios y creíbles de Marruecos para resolver el conflicto. Eso sigue siendo válido. No ha habido marcha atrás, ni corrección, ni declaración oficial que indique lo contrario. Pero Argelia ha preferido hacer lo de siempre: estirar una frase ambigua, sacarla de contexto, y convertirla en «prueba» de un supuesto apoyo.
Nada nuevo en el guion: Argelia recurre a la misma táctica de siempre. Lleva años alimentando comunicados maquillados, interpretaciones forzadas y relatos que nadie ha firmado. Es una forma de disimular lo que ya es evidente: su tesis separatista pierde fuerza, y no solo en África. Hoy, 46 países han retirado su reconocimiento a la “RASD”, 13 de ellos africanos. Y eso pesa.
Mientras tanto, en la misma reunión, los ministros de Argelia y Ghana hablaron de cosas más concretas: seguridad en el Sahel, cooperación en salud, educación, transporte, industria. Incluso firmaron un acuerdo para eximir de visado a titulares de pasaportes diplomáticos. Todo eso es legítimo y necesario. Pero una cosa es fortalecer la cooperación entre dos países, y otra muy distinta es inventarse un respaldo que no existe.
Argelia no convence a nadie con este tipo de gestos. Lo único que consigue es poner en evidencia su nerviosismo y su falta de oficio. Cuando se fuerza tanto una declaración, cuando se tergiversa lo que el otro no ha dicho, es porque no hay nada sólido detrás. El aislamiento se nota. Y la ficción se cae.
