Rue20 Español/Rabat
La expulsión masiva de cerca de 5000 migrantes africanos por parte de Argelia hacia Níger ha desatado una fuerte condena internacional y una crisis humanitaria en la frontera nigerina.
Según la televisión estatal nigerina, Télé Sahel, entre el 1 y el 21 de abril de 2025, Argel deportó a 4975 migrantes, más de la mitad de ellos nigerinos (2753, incluyendo 308 menores y 196 mujeres).
El Gobierno nigerino ha denunciado la acción como una violación de los acuerdos bilaterales y las leyes internacionales, calificándola de xenófoba y unilateral.
Las expulsiones, realizadas sin previo aviso ni coordinación con las autoridades nigerinas, han sobrepasado la capacidad de respuesta del país. Un convoy de 1141 migrantes llegó el 19 de abril a Assamaka, ciudad fronteriza con Argelia, mientras que otros 2222 llegaron a pie, muchos en condiciones extremadamente precarias, sin alimentos ni atención médica. Entre los deportados figuran ciudadanos de Guinea (347), Malí (287), Costa de Marfil (87), Benín (70), Burkina Faso (54) y Somalia (50), entre otros. Un trabajador humanitario alertó sobre la vulnerabilidad de mujeres y niños, describiendo la situación como un «crisol de desgracias».
La situación ha generado tensión entre Argelia y Níger. El secretario general del Ministerio nigerino de Asuntos Exteriores convocó al embajador argelino en Niamey para protestar por las expulsiones y denunciar la violencia sufrida por algunos deportados. Esta situación recuerda a incidentes similares ocurridos en 2016, cuando Niamey ya había protestado contra las deportaciones «unilaterales e inhumanas» de Argel.
A pesar de un acuerdo bilateral de 2014 que se limita a los nigerinos en situación irregular, Argelia ha ignorado sus términos, expulsando a ciudadanos de diversas nacionalidades. Las autoridades nigerinas señalan que esta acción busca presionar al régimen de transición nigerino sin ofrecer alternativas humanitarias. La falta de coordinación y la naturaleza masiva de las expulsiones han exacerbado la precaria situación humanitaria en la región, con ONGs como International Crisis Group, Human Rights Watch y Amnistía Internacional advirtiendo sobre una posible catástrofe.
El flujo masivo de migrantes deportados ha generado preocupación por su impacto en la estabilidad regional. La ONU y diversas organizaciones humanitarias han advertido sobre la correlación entre la migración forzada, la inseguridad alimentaria, el cambio climático y el reclutamiento de grupos armados terroristas en el Sahel.
La falta de cooperación entre países de la región, junto con las tensiones diplomáticas, aumenta el riesgo de una escalada regional. Si bien una «guerra total» en el Sahel no es inminente, la situación es extremadamente volátil y requiere un enfoque multidimensional para su prevención. La situación exige una respuesta internacional urgente y coordinada para abordar la crisis humanitaria y promover una solución diplomática a largo plazo.
