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A una década del referéndum del Brexit, Marruecos multiplica por 2,5 sus envíos al Reino Unido, mientras la cuota española se desploma un 58% y los productores europeos pierden competitividad por las barreras aduaneras.
El Reino Unido ha reconfigurado su mapa de suministro hortofrutícola diez años después del histórico referéndum del 23 de junio de 2016, y el gran vencedor de esta metamorfosis comercial se asienta en la orilla sur del Mediterráneo. Marruecos se ha erigido como el primer abastecedor de tomate fresco en el mercado británico, con 126.203 toneladas embarcadas en 2025, una cifra que duplica con creces las 57.458 toneladas que registró España en el mismo periodo, según el balance elaborado por la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas y Hortalizas (FEPEX) con motivo del décimo aniversario de la consulta popular que inició la salida de la UE.
El vuelco estadístico es rotundo: en 2016, año de la votación, España enviaba 137.967 toneladas de tomate al Reino Unido, frente a las 49.843 toneladas de Marruecos. Nueve años después, el Reino de Marruecos ha escalado un 157% sus exportaciones, mientras el país ibérico ha sufrido una contracción del 58%, una tendencia que se ha acentuado desde la salida efectiva de la UE en 2021. Entre ese año y 2025, los envíos marroquíes pasaron de 110.846 a 126.203 toneladas (un alza del 13,8%), en tanto los españoles continuaron su descenso desde las 70.570 toneladas hasta las 57.458 actuales.
La federación española atribuye esta pérdida de peso específico a las nuevas exigencias administrativas, sanitarias y aduaneras que han encarecido y ralentizado las operaciones comerciales con el Reino Unido para cualquier país miembro del mercado único. Los exportadores europeos se enfrentan ahora a una batería de trámites que antes no existían, lo que ha erosionado su ventaja competitiva frente a proveedores de terceros países, subraya el informe de FEPEX.
Marruecos, en cambio, ha sabido capitalizar su vecindad geográfica con el continente, sus inversiones en infraestructuras logísticas de última generación, una agricultura orientada a la exportación y unos costes de producción más ajustados que los de muchos competidores europeos. El resultado es un ascenso imparable que no se circunscribe al tomate: las importaciones británicas de frutas y hortalizas desde Marruecos aumentaron un 31% entre 2021 y 2025, al pasar de 249.372 a 327.490 toneladas.
Paralelamente, las exportaciones españolas de todo el capítulo de frutas y hortalizas al Reino Unido disminuyeron un 14,4% en ese lapso, hasta situarse en torno a 1,3 millones de toneladas en 2025 –un volumen aún superior al marroquí, pero que evidencia una pérdida gradual de dominio. El fenómeno trasciende la pugna hispano-marroquí: según datos de la FAO, el Reino Unido ha incrementado sus compras a Sudáfrica en un 12% (de 430.625 a 484.762 toneladas) y a Egipto en un 30% (de 156.362 a 203.781 toneladas) en el mismo cuatrienio.
Estos números dibujan una nueva geografía del abastecimiento alimentario británico, que se aleja del esquema de predominio europeo vigente durante décadas. Para Marruecos, esta reconfiguración supone un espaldarazo a su estrategia de diversificación de mercados y refuerzo de su papel en las cadenas globales de suministro, impulsada por décadas de inversión en riego, transformación agrícola y puertos especializados.
A diez años del referéndum que fracturó las relaciones entre Londres y Bruselas, el sector agroalimentario marroquí se erige como uno de los beneficiarios más destacados de la nueva realidad. La competitividad de sus productos, el dinamismo de sus empresas exportadoras y la apuesta por la calidad han convertido al tomate –y a toda su cesta hortícola– en un embajador silencioso de la pujanza agrícola del país, que hoy no solo lidera en el Reino Unido, sino que afianza su proyección internacional en un mercado cada vez más abierto a orígenes no europeos.
