Rue20 Español/Atlanta
El césped de la Universidad Estatal de Kennesaw no fue este martes un simple escenario de calentamiento, sino el último laboratorio de precisión para unos Leones del Atlas que han convertido la serenidad en su mejor arma.
Con la plantilla al completo —noticia que ya es un lujo en este Mundial—, Marruecos cerró su puesta a punto ante Haití con una sesión que tuvo más de ensayo táctico que de mero trámite, y en la que el único ruido permitido fue el del balón y las indicaciones de Mohamed Ouahbi

El seleccionador, visiblemente meticuloso, dividió el entrenamiento en dos bloques: primero, un trabajo de presión alta y transiciones rápidas, pensado para desactivar el cerrojo defensivo que presumiblemente plantearán los caribeños; después, una serie de jugadas a balón parado que repitieron hasta la saciedad, como si quisieran grabar en la memoria muscular cada trayectoria. No hubo gestos de tensión, sino esa concentración silenciosa que precede a las grandes citas. El único visitante ilustre fue Fouzi Lekjaa, presidente de la FRMF, que siguió el ensayo desde la banda con el ceño fruncido pero con una sonrisa cómplice cuando Achraf Hakimi conectó un centro milimétrico.
Marruecos llega a este tercer asalto con el cuaderno de ruta impecable: un empate de quilates ante Brasil (1-1) y un sufrido pero inteligente 1-0 frente a Escocia. Sin embargo, en el vestuario saben que los números no dan ventaja: cuatro puntos, los mismos que la Seleçao, pero con una diferencia de goles que les coloca segundos. Ahí radica la única espina: no depende de sí mismos para ser líderes, pero sí para sellar su pase a octavos. Una victoria ante los Grenadiers, ya eliminados y con el orgullo herido, bastaría para seguir en la pelea, aunque el duelo paralelo entre brasileños y escoceses podría agitar la clasificación final.
El ambiente en el grupo, cuentan fuentes cercanas al cuerpo técnico, es de confianza medida. Nadie habla de relajación, pero sí de madurez. Los veteranos como Romain Saïss o Sofyan Amrabat han tomado las riendas del discurso, recordando que Haití, pese a sus dos derrotas, no es un sparring: es un equipo que corre, que golpea y que busca su primer punto en el torneo.
Atlanta ya respira fútbol, y la noche del miércoles (23h, hora marroquí) el Mercedes-Benz Stadium vestirá de rojo y verde. Los Leones del Atlas tienen en sus piernas la oportunidad de escribir una nueva página, pero también la obligación de demostrar que el empate ante Brasil no fue un espejismo, sino el síntoma de un equipo que ha aprendido a sufrir y a sonreír. El último entrenamiento fue un prólogo perfecto; ahora solo falta el capítulo que valga un billete a la siguiente ronda. Porque en este Mundial, Marruecos ya no pide permiso: exige su lugar.

