Rue20 Español/Rabat
El afán de la junta militar argelina por emular a Marruecos se ha convertido en una fuente constante de fracasos y burlas, evidenciando la falta de una visión propia y una estrategia de desarrollo efectiva.
La reciente gira europea del ministro de Asuntos Exteriores argelino, Ahmed Attaf, tras el exitoso periplo de su homólogo marroquí, Nasser Bourita, ilustra a la perfección esta dinámica.
Mientras Bourita consolidaba el apoyo internacional a la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara y fortalecía lazos internacionales, Attaf regresó con las manos vacías, confirmando la ausencia de una estrategia diplomática coherente por parte de Argelia, más allá de una supuesta rivalidad con Marruecos.
Diplomacia sin rumbo
La gira de Attaf, calificada por algunos observadores como una «marioneta diplomática», buscaba contrarrestar los logros de Marruecos y proyectar una imagen de dinamismo internacional.
El objetivo, según analistas, era persuadir a algunos países para que reconsideraran su apoyo a la soberanía marroquí sobre el Sáhara; o, al menos, obtener alguna declaración ambigua.
Sin embargo, este intento resultó infructuoso, dejando en evidencia la incapacidad de Argelia para influir en la escena internacional.
De la alta velocidad a la estación fantasma
El clímax de esta comedia de imitación se alcanzó el jueves con la visita del presidente Tebboune y el jefe del Estado Mayor, Said Chengriha, a Béchar, territorio considerado históricamente marroquí y anexionado por Francia durante la época colonial.
La inauguración de una estación en Abadla fue presentada como un gran logro, una farsa que coincidió con el lanzamiento por parte de SM el Rey Mohamed VI de las obras de la Línea de Alta Velocidad entre Kenitra y Marrakech.
La comparación resulta abrumadora: un proyecto de infraestructura de gran envergadura en Marruecos frente a una modesta estación local en Argelia, inflada artificialmente por la propaganda del régimen militar.
El pueblo argelino, la verdadera víctima
Esta tendencia a la imitación no es nueva. Argelia intenta proyectar una imagen de diplomacia activa y desarrollo ambicioso, pero la realidad es otra.
Mientras Marruecos avanza con logros concretos y una visión estratégica a largo plazo, Argelia se enreda en gestos vacíos y propaganda.
Los perjudicados son los ciudadanos argelinos. Mientras el régimen dilapida los recursos del país en propaganda estéril, la población sufre las consecuencias de las crisis económicas y sociales.
Mientras Marruecos invierte en infraestructuras y desarrollo, los generales argelinos se aferran al poder, en detrimento de los intereses nacionales.
El régimen militar argelino debería reconsiderar sus prioridades. Copiar a Marruecos sin comprender las bases de su éxito solo acentúa su ridiculez.
