Argelia se queda sin gas, sin proyecto y sin aliados

 

Rue20 Español/Rabat

La ruptura con Níger, Malí y Burkina Faso y el abandono silencioso del proyecto por parte de Níger dejan al régimen argelino sin gasoducto, sin aliados y con un nuevo revés diplomático impulsado por su hostilidad hacia Marruecos.

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El régimen argelino acaba de enfrentarse a una realidad contundente: su ambicioso proyecto de gasoducto transahariano con Nigeria ha fracasado antes siquiera de comenzar. Lo que se presentó como una alternativa al corredor energético Marruecos-Nigeria terminó siendo un costoso espejismo. El intento de eclipsar la iniciativa marroquí ha resultado fallido, dejando al descubierto una profunda falta de estrategia y visión.

Desde el inicio, el único motor del proyecto argelino fue la reacción. No hubo ni planificación sólida, ni respaldo diplomático real, ni acuerdos firmes con los países de tránsito. Todo respondía a un objetivo único y estéril: bloquear el avance marroquí. Pero mientras Rabat consolidaba una iniciativa respaldada por organismos internacionales, socios africanos y actores europeos, Argelia apostó por la improvisación a contrarreloj, sin garantías ni fundamentos.

Níger, pieza clave en el trazado del gasoducto argelino, ha actuado con inteligencia. Permitió que Argelia iniciara obras, gastara recursos y comprometiera su tesorería, sin firmar un solo acuerdo vinculante. Y en el momento decisivo, se retiró con discreción, dejando a Argelia sola ante un proyecto incompleto, económicamente insostenible y geopolíticamente inviable.

La situación se agravó con la ruptura de relaciones diplomáticas entre Argelia y el bloque regional conformado por Níger, Malí y Burkina Faso, países esenciales para el tránsito del gas. La expulsión de embajadores y el colapso de los vínculos con estos Estados ha enterrado definitivamente un proyecto que, en realidad, nunca tuvo futuro.

El verdadero trasfondo de este fracaso no es técnico ni económico: es político. El resentimiento hacia Marruecos se ha convertido en el principal vector de la política exterior argelina, incluso a costa del interés nacional. El régimen impulsó este gasoducto más por obsesión con bloquear una iniciativa marroquí que ha sabido ganarse la confianza del continente, que por visión energética,.

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La historia se repite, pero esta vez con consecuencias más evidentes. Cada vez que Marruecos avanza con propuestas viables, diplomacia eficaz y resultados concretos, Argelia responde con ruido, precipitación y frustración. Y esta vez, la diferencia es irrebatible: ya nadie compra la narrativa oficial argelina. El continente africano ha tomado nota, y también la comunidad internacional.

Incluso los socios más indulgentes del régimen argelino optan hoy por el silencio diplomático y la distancia prudente, dejando que Argelia se enfrente en solitario a las consecuencias de sus propios errores… y a un gasoducto que no llegará a ninguna parte.

 

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