Rue20 Español/Rabat
El jefe del Gobierno defiende en la Cámara de Consejeros una estrategia integral que abandona la gestión sectorial para afrontar las crisis climáticas y geopolíticas.
La seguridad alimentaria ha dejado de ser en Marruecos un objetivo sectorial para convertirse en el vértice de un triángulo estratégico donde confluyen la gestión del agua, la transición energética y el apoyo al mundo rural.
Así lo planteó este martes el jefe del Gobierno, Aziz Akhannouch, durante la sesión de control parlamentario en la Cámara de Consejeros, dedicada en esta ocasión a analizar la política general del Ejecutivo en materia de soberanía alimentaria.
Frente a la tradicional compartimentación de las políticas públicas, Akhannouch defendió una nueva arquitectura basada en la interconexión de los tres pilares. «Hoy no puede existir una verdadera soberanía alimentaria sin soberanía hídrica y energética que la respalde», afirmó el jefe del Ejecutivo, subrayando que «no es posible ganar la batalla de la seguridad alimentaria sin apoyar a los agricultores y reforzar la estabilidad del medio rural».
El agua como eje vertebrador
El discurso de Akhannouch puso el acento en las inversiones hídricas como condición de posibilidad para cualquier avance en el sector primario.
El Gobierno ha actualizado el Programa Nacional de Abastecimiento de Agua Potable y de Riego 2020-2027, elevando su presupuesto de 115.000 a 143.000 millones de dirhams. Este incremento ha permitido acelerar proyectos de urgencia frente al estrés hídrico que arrastra el país.
Uno de los datos más llamativos expuestos por el jefe del Gobierno fue el salto en la capacidad de desalinización: de 46 millones de metros cúbicos en 2021 se ha pasado a 415 millones a finales de 2025, lo que supone multiplicar por nueve la producción. Los nuevos proyectos en marcha elevarán esta cifra hasta los 1.700 millones de metros cúbicos en 2030, una capacidad que permitirá cubrir dos tercios de las necesidades de agua potable y regar 147.000 hectáreas de cultivo.
En el capítulo de infraestructuras, Akhannouch destacó la ejecución en apenas diez meses de dos proyectos de interconexión entre cuencas hidrográficas, que trasladan más de 400 millones de metros cúbicos anuales para abastecer a más de 11 millones de ciudadanos en el eje Rabat-Casablanca. Al mismo tiempo, se han culminado siete grandes presas con una capacidad de almacenamiento cercana a los 1.700 millones de metros cúbicos, mientras continúa la construcción de otras doce presas para alcanzar una capacidad nacional de 27.000 millones de metros cúbicos.
El Gobierno también impulsa la reutilización de aguas residuales tratadas, cuyo volumen alcanza ya los 52 millones de metros cúbicos anuales, junto con programas de ahorro y eficiencia en el consumo. «Ya no afrontamos el estrés hídrico con las mismas soluciones tradicionales», subrayó el jefe del Ejecutivo.
Energías renovables y competitividad agrícola
La segunda pata del trípode estratégico es la energía. Akhannouch vinculó directamente el fortalecimiento de la soberanía energética con la viabilidad del sector agrario, al señalar que la cuota de renovables en la capacidad eléctrica instalada ha pasado del 37,1 % en 2021 al 46,1 % en la actualidad, con el horizonte fijado en el 52 % antes de 2030.
En este contexto, el lanzamiento de la «Oferta de Marruecos para el Hidrógeno Verde» refuerza la posición del Reino como actor internacional en energías limpias y abre nuevas vías de inversión vinculadas a las cadenas globales de valor. Una apuesta que, según el jefe del Gobierno, aumenta el atractivo de la economía nacional y crea sinergias con el sector agroindustrial.
Proteger al agricultor y estabilizar los precios
El tercer vértice del triángulo es el apoyo directo a los profesionales del sector. Akhannouch recordó que el Ejecutivo destinó ayudas al transporte por carretera por un total de 8.630 millones de dirhams entre marzo de 2022 y mayo de 2024, con el objetivo de mitigar el impacto del encarecimiento de los combustibles sobre el transporte de mercancías y productos agrícolas, preservando así la estabilidad de los precios de los alimentos.
El jefe del Gobierno insistió en que estas decisiones reflejan una visión anticipativa para afrontar las crisis, apostando por soluciones estructurales en lugar de medidas coyunturales. «Marruecos ha hecho de la seguridad alimentaria una parte integrante de su soberanía nacional», concluyó, en una intervención que trazó un mapa de ruta donde agua, energía y agricultura se entrelazan como un único desafío estratégico.
