Rue20 Español/Rabat
El tono de Francia hacia Argelia se ha endurecido significativamente en las últimas semanas, con un consenso político prácticamente unánime que exige una postura más firme frente al régimen argelino.
Desde el espectro socialista hasta el centro, figuras políticas clave demandan acciones concretas de Argel en temas cruciales como la cooperación en materia de inmigración y el respeto a los derechos humanos.
Este endurecimiento de la postura francesa llega tras meses de crecientes tensiones, exacerbadas por el reconocimiento por parte de Francia de la soberanía marroquí sobre el Sáhara.
La clase política francesa, en un inusual despliegue de unidad, coincide en la necesidad de defender los intereses nacionales y exigir reciprocidad al gobierno argelino.
El expresidente socialista François Hollande, en una reciente entrevista con BFM TV, instó a una respuesta firme a las «repetidas provocaciones» de Argel.
Hollande citó el caso de un ciudadano argelino en situación irregular en Francia, cuya expulsión fue rechazada repetidamente por Argelia y que posteriormente cometió un atentado en Mulhouse.
“Hay que ser firmes”, declaró Hollande, subrayando la importancia del respeto a los acuerdos bilaterales y las normas internacionales, especialmente en materia de inmigración.
Esta postura de firmeza no se limita a la izquierda. El líder centrista François Bayrou se ha expresado en términos similares, reforzando la idea de un consenso transversal en la política francesa.
El Gobierno francés, por su parte, ha dado un ultimátum a Argel, otorgándole entre cuatro y seis semanas para cumplir con sus compromisos bilaterales, particularmente en lo relativo a la emisión de visados; un punto de fricción constante entre ambos países.
Otro elemento que tensa la relación bilateral es la situación del escritor franco-argelino Boualem Sansal, actualmente detenido en Argelia en condiciones que preocupan a las autoridades francesas.
Su liberación, especialmente considerando su delicado estado de salud, se ha convertido en una condición sine qua non para la normalización de las relaciones.
El discurso oficial argelino atribuye la tensión actual a la supuesta influencia de la extrema derecha francesa, a la que acusa de orquestar una campaña de desprestigio contra Argelia.
Sin embargo, la convergencia de figuras políticas de diferentes tendencias en la exigencia de una mayor firmeza hacia Argel desmonta esta narrativa, evidenciando un malestar generalizado en la clase política francesa con la actitud del Gobierno argelino. La situación se mantiene en un punto muerto, con Francia esperando una respuesta concreta de Argelia en las próximas semanas.
