Rue20 Español/Rabat
El fuego, que ya ha arrasado más de 3.200 hectáreas, ha causado al menos 12 víctimas mortales y mantiene en vilo a 23 familias que esperan noticias de sus seres queridos.
El sol abrasador del Levante almeriense apenas lograba filtrarse entre la densa columna de humo que desde el jueves tiñe de negro el horizonte. Lo que comenzó como una tarde más en los cortijos diseminados de Los Gallardos se ha convertido en la peor pesadilla forestal que Andalucía recuerda en lo que va de siglo. El presidente de la Junta, Juanma Moreno, ha confirmado esta misma mañana desde el puesto de mando avanzado de Turre que el número de fallecidos asciende a 12, mientras que 23 personas continúan sin ser localizadas, según varias fuentes.
El origen del fuego apunta a un fallo en el tendido eléctrico. Según las primeras investigaciones, un cable roto en dos puntos habría provocado las chispas que, en cuestión de minutos, se convirtieron en un muro de llamas imparable. La zona, descrita por Moreno como «escarpada, con muchos barrancos» y salpicada de viviendas aisladas, dificultó cualquier operación de rescate.
Pero fue la decisión de las víctimas lo que selló su trágico destino. El consejero de Emergencias, Antonio Sanz, ha relatado con crudeza cómo varias personas optaron por abandonar las rutas de evacuación oficiales y buscar una salida propia a través de una rambla. «Lamentablemente, la decisión de coger por otro camino que no era el de evacuación y buscar una salida propia a través de una rambla realmente fue una verdadera trampa», ha declarado Sanz.
Cuatro de los fallecidos fueron hallados dentro de un vehículo calcinado. Los otros siete, que habían abandonado sus coches para intentar escapar a pie, fueron alcanzados por las llamas en medio de la nada. El decimosegundo cadáver, según ha precisado Moreno, apareció «debajo de otro cadáver» en la misma zona.
La mayoría de las víctimas no eran españolas. La Junta de Andalucía ha confirmado que la práctica totalidad de los fallecidos son de origen británico y belga. El indicio más claro lo proporcionó el propio vehículo en el que viajaban cuatro de ellas: el volante estaba situado en el lado derecho, una característica propia de los coches británicos.
Moreno ha señalado que la condición de extranjeros pudo haber influido en la fatal decisión de abandonar las rutas seguras: «El instinto de supervivencia te hace huir sin serenidad. Si encima son extranjeros, que algunos pueden no dominar del todo el terreno, otros pueden no conocer el idioma, pueden propiciar un error». No en vano, en municipios como Bédar, casi el 60% de la población es de origen extranjero, mayoritariamente británica.
La magnitud de la tragedia ha movilizado a más de 460 efectivos, entre bomberos forestales del Plan Infoca, agentes de la Unidad Militar de Emergencias (UME) y cuerpos de seguridad. El fuego, que aún no está controlado ni perimetrado, ha obligado a desalojar a más de 1.400 personas y mantiene cortadas la autovía A-7 y la carretera N-340.
La gravedad de la situación ha llevado al presidente andaluz a suspender la toma de posesión de los nuevos consejeros del Gobierno autonómico, prevista para este mismo viernes. «Teníamos un día que iba a ser, por fin, un tanto positivo, pero ya anoche nos dimos cuenta de que esto era lo suficientemente grave», ha lamentado Moreno.
Mientras los equipos de emergencia continúan rastreando la zona calcinada, las familias de los 23 desaparecidos aguardan en un angustioso silencio. La Guardia Civil ha habilitado una oficina de denuncias en el puesto de Garrucha para la toma de muestras de ADN entre los allegados. El Grupo de Intervención Psicológica en Emergencias y Desastres ha puesto a disposición de los afectados el teléfono 677 904 624.
Mientras el viento sigue avivando las llamas en el Levante almeriense, una certeza sobrevuela entre el humo: la rambla de Bédar, ese cauce seco que prometía ser una vía de escape, se ha convertido en el símbolo de una tragedia que Andalucía no olvidará.
