Rue20 Español/Rabat
El Abbas Tahri Joutey Hassani
El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, ha anunciado este 26 de julio de 2026 un drástico viraje en la política exterior del país sudamericano, cerrando 14 embajadas en todo el mundo, entre ellas la de Argelia.
Una reestructuración que supone un duro revés para el Polisario y su principal valedor, Argelia; al tiempo que abre la puerta a un fortalecimiento de los lazos con el Reino de Marruecos.
La decisión, comunicada a través de las redes sociales del mandatario electo, supone la liquidación de una de las herencias más controvertidas del saliente presidente Gustavo Petro: el restablecimiento de relaciones con el Frente Polisario en 2022, una medida que nunca contó con el respaldo de la mayoría de los colombianos ni de sus representantes en el Congreso.
«Colombia necesita una diplomacia que sea moderna, eficiente y al servicio de los intereses nacionales, no de la politiquería y de la burocracia», sentenció De la Espriella en su mensaje.
Bajo el lema de la austeridad y la optimización del gasto público, el futuro gobernante ha ordenado el cierre «en una primera etapa» de las embajadas en Argelia, Azerbaiyán, Barbados, Cuba, República Checa, Etiopía, Ghana, Haití, Hungría, Malasia, Nicaragua, Rumanía, Senegal y Sudáfrica.
El anuncio no solo implica un ahorro significativo para las arcas del Estado colombiano —»miles de millones de pesos al año», según sus propias palabras—, sino que representa un ajuste de cuentas con la política exterior de Petro, que priorizó vínculos ideológicos por encima de los intereses estratégicos del país. De la Espriella ha sido claro al afirmar que «en mi Gobierno no habrá vínculo alguno con tiranías», una declaración que sienta las bases de su nueva doctrina diplomática.
La medida del presidente electo no hace sino recoger el sentir mayoritario del pueblo y del Congreso colombianos. Ya en febrero de 2025, el expresidente del Congreso de Colombia, Iván Cepeda, manifestó su «desacuerdo» con la posición adoptada por Petro respecto al Polisario, al que calificó como «un grupo considerado como separatista».
Cepeda recordó entonces que el «reconocimiento» del Polisario por parte del Ejecutivo colombiano «fue rechazado por más del setenta por ciento del Senado de la República», en dos mociones aprobadas en octubre de 2022 y noviembre de 2023.
El propio senador Germán Blanco Álvarez, presidente del Grupo de Amistad Colombia-Marruecos, calificó al Polisario como «un grupo separatista que no es reconocido por la ONU, ni por ningún país europeo o árabe, excepto Argelia».
El cierre de la embajada en Argelia no es un detalle menor. Argelia ha sido durante décadas el principal sostén del Polisario, proporcionándole apoyo político, logístico y militar. Al eliminar su representación diplomática en el país argelino, Colombia envía un mensaje claro: no avala la injerencia de Argelia en los asuntos del Sáhara marroquí ni la ficción de la autoproclamada «rasd».
Este movimiento se enmarca en una reorientación más amplia de la política exterior colombiana.
La reestructuración diplomática colombiana pone fin a una etapa de desencuentros con el Reino de Marruecos. Tal como advirtió en su momento el presidente del Congreso colombiano, la postura de Petro respecto al Polisario «empaña el devenir» de las relaciones bilaterales, precisamente cuando Colombia busca fortalecer sus lazos con África.
Cabe recordar que el comercio entre Colombia y Marruecos alcanzó los 350 millones de dólares en 2022, con exportaciones colombianas de carbón, café y productos químicos, mientras que Marruecos ha incrementado su suministro de fertilizantes y productos agrícolas al mercado colombiano.
Con la llegada de De la Espriella al poder —prevista para el próximo 7 de agosto en Cali— se abre una nueva era en las relaciones entre Bogotá y Rabat. El presidente electo, conocido por su cercanía con el presidente estadounidense Donald Trump, ha manifestado su intención de alinear la política exterior colombiana con los intereses estratégicos del país, dejando atrás los gestos simbólicos que solo beneficiaron a quienes pretenden desmembrar la integridad territorial de naciones amigas.
En definitiva, Colombia no puede mantener relaciones diplomáticas con quien financia y arma a un grupo separatista que atenta contra la soberanía de un país hermano como Marruecos. Una lección que el Gobierno de Petro nunca quiso aprender, pero que el nuevo Ejecutivo colombiano ha entendido a la perfección.
