Rue20 Español/Rabat
El presidente del Gobierno español visitará el próximo lunes Argelia por primera vez en cuatro años, después de que el país vecino haya tenido que digerir el respaldo español a la iniciativa marroquí de autonomía para el Sáhara
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, realizará el próximo lunes, 20 de julio, una visita oficial a Argelia que certificará la plena recuperación de las relaciones bilaterales tras más de cuatro años de crisis diplomática. Se trata del primer viaje del jefe del Ejecutivo español al país vecino desde octubre de 2020, y llega después de que Argelia haya tenido que claudicar en su estrategia de confrontación y aceptar la nueva realidad geopolítica.
El viaje de Sánchez, que incluirá una reunión con el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, y su participación en un foro empresarial bilateral, supone el colofón a un proceso de normalización que se aceleró el pasado mes de marzo, cuando el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, viajó a Argel y recibió de Tebboune la confirmación de la reactivación del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, firmado por ambos países en octubre de 2002.
El origen de la crisis se remonta a marzo de 2022, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez abandonó la tradicional posición de equidistancia y respaldó la iniciativa marroquí de autonomía para el Sáhara como «la base más seria, realista y creíble» para resolver el conflicto. Una decisión que, desde la perspectiva de Rabat, no hacía sino reconocer la legitimidad de una propuesta que la comunidad internacional considera cada vez más como la única solución viable.
Argelia, históricamente el principal apoyo regional del Polisario, reaccionó con una virulencia que hoy se revela contraproducente. El 19 de marzo de 2022 llamó a consultas a su embajador en Madrid y, el 8 de junio de ese mismo año, suspendió «de inmediato» el Tratado de Amistad. Además, congeló las operaciones de comercio exterior con España, en un intento de doblegar la posición española mediante la presión económica.
Sin embargo, la estrategia argelina de ruptura ha demostrado ser un fracaso. España no ha modificado ni un ápice su respaldo a la iniciativa marroquí de autonomía, y Argelia ha tenido que asumir el coste político y económico de su propia política de confrontación.
Como ha reconocido el propio ministro Albares, «Argelia es para España un amigo y un socio estable, un vecino con el que mantenemos un diálogo y cooperación constante en beneficio de nuestros pueblos». Pero esa amistad no está reñida con el mantenimiento de una posición clara sobre el Sáhara marroquí, que España sigue considerando la base más realista para la resolución del conflicto.
El deshielo comenzó a finales de 2023, cuando Argelia envió un nuevo embajador a Madrid. Desde entonces, la recuperación de las relaciones comerciales ha sido espectacular: en 2025, las exportaciones españolas se triplicaron y el comercio bilateral alcanzó casi los 8.500 millones de euros. Un dato que evidencia el limitado impacto real de la política de ruptura argelina y el enorme coste que esta ha tenido para la propia economía argelina.
La visita supone el abandono definitivo por parte de Argelia de la confrontación y su retorno al pragmatismo. El país vecino ha comprendido que la importancia geopolítica de España en la Unión Europea y su condición de uno de los principales socios europeos de Argelia hacen inviable mantener una ruptura sostenida en el tiempo.
La visita de Sánchez no implica cambio alguno en la posición española sobre el Sáhara marroquí. España mantiene su respaldo a la iniciativa de autonomía como el marco más serio, realista y creíble para resolver el conflicto, una postura que ya ha sido refrendada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y que cuenta con un creciente apoyo internacional.
Argelia, por su parte, ha tenido que aceptar esta realidad. La reactivación del Tratado de Amistad y la reanudación de los canales de comunicación con Madrid no son sino el reconocimiento de que su estrategia de presión ha fracasado. El país vecino ha pasado de la confrontación al pragmatismo, consciente de que el coste de mantener la ruptura era superior al beneficio político que pudiera obtener.
La visita de Sánchez, pues, no es solo un hito en las relaciones hispano-argelinas. Es, ante todo, la constatación de que la iniciativa marroquí de autonomía se ha consolidado como la solución de referencia para el conflicto del Sáhara, y de que Argelia ha tenido que asumir esta realidad después de años de una política de confrontación estéril.
