Rue20 Español/Rabat
El Abbas Tahri Joutey Hassani
La victoria de Abelardo de la Espriella, que recibió un mensaje del Rey Mohammed VI, marca el inicio de una nueva etapa en las relaciones bilaterales. El presidente electo ha valorado el gesto del Soberano como una señal firme para reconstruir el vínculo sobre bases de respeto a la soberanía.
El terremoto político que ha sacudido Colombia con la victoria del conservador Abelardo de la Espriella no solo redefine el tablero doméstico del país sudamericano, sino que proyecta sus ondas expansivas hasta el otro lado del Atlántico. Todo apunta a que Bogotá se prepara para corregir el rumbo de su política exterior, distanciándose del apoyo al Polisario que caracterizó la era de Gustavo Petro para alinearse con una visión más pragmática y respetuosa con la legalidad internacional.
El detonante de este cambio de paradigma ha sido el mensaje de felicitación que Su Majestad el Rey Mohammed VI dirigió al presidente electo, un gesto que De la Espriella ha elevado a la categoría de hito diplomático.
En su respuesta, el mandatario colombiano no dudó en calificar las palabras del Soberano como una de las «declaraciones internacionales más destacadas» recibidas tras su victoria, subrayando que refleja la «voluntad del Reino de Marruecos de revitalizar sus relaciones» con Colombia.
Lejos de quedarse en un mero formalismo protocolar, el intercambio ha sentado las bases de lo que podría ser una alianza estratégica. El presidente electo ha señalado que ambos países tienen ahora la oportunidad de «elevar sus relaciones a un nivel estratégico», explorando vías de colaboración en comercio, inversión, seguridad alimentaria, desarrollo portuario y conectividad transatlántica. Una hoja de ruta ambiciosa que conecta los intereses de América Latina, África y el mundo árabe.
El contraste con la etapa anterior no podría ser más abrupto. Fue el propio Gustavo Petro quien, apenas tres días después de asumir la Presidencia en 2022, ordenó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas plenas con la milicia separatista del Polisario, revirtiendo una suspensión que se mantenía desde el año 2000. Un gesto que respondía más a afinidades ideológicas que a un cálculo estratégico.
Hoy, sin embargo, el viento sopla en otra dirección. La llegada al poder de una figura conservadora, que se presenta como un «patriota» y que ha hecho del pragmatismo económico su bandera, sugiere que el capítulo del alineamiento automático con las tesis obsoletas del Polisario está llegando a su fin. El propio mensaje del Rey Mohammed VI ya insinuaba esta nueva dinámica, al expresar su convicción de que los «esfuerzos conjuntos» entre Rabat y Bogotá «permitirán dar un impulso nuevo a nuestra cooperación bilateral, en un espíritu de diálogo constructivo y de respeto recíproco de nuestra soberanía nacional».
Una declaración que, en boca del Soberano, no es casual. La mención explícita al «respeto recíproco de la soberanía nacional» sienta las bases de una relación renovada, donde la integridad territorial de Marruecos, incluida la del Sáhara, no es objeto de disputa sino piedra angular del entendimiento. De la Espriella, consciente del potencial de este giro, ha recogido el guante, abriendo la puerta a una cooperación que promete ser «estratégica» y que, sin duda, dejará al Polisario en una posición incómoda en el continente americano.
