Rue20 Español/Ciudad de México
Moisés Amselem Elbaz*
Existen encuentros que trascienden la diplomacia y la geografía para convertirse en un verdadero cruce de destinos. Así se siente la profunda conexión que busco promover entre el Reino de Marruecos y los Estados Unidos Mexicanos, una misión que halla su faro inspirador en la figura excepcional de André Azoulay, consejero de Su Majestad el Rey Mohammed VI y arquitecto incansable de un Marruecos plural y dialogante.
La reciente quinta edición del «Leaders Ftour Talk» en Rabat no fue solo un evento; fue la celebración de un modelo de civilización. Como bien lo expresó Azoulay, fue una muestra palpable de la Tamaghrabit en acción: esa sabiduría ancestral que hace de la diversidad una unidad inquebrantable. Ver a cientos de jóvenes, líderes y diplomáticos compartiendo el mismo espíritu durante un ftour ramadánico confirma que el camino elegido por Marruecos —bajo la guía esclarecida de Su Majestad el Rey— es un ejemplo para el mundo.
Mi admiración por André Azoulay no es solo personal; es un reconocimiento a su lucha de décadas por tender puentes entre culturas, religiones y generaciones. Él encarna la esencia de un auténtico hombre de Estado, un monárquico leal cuyo trabajo ha puesto a Marruecos en el mapa global como un espacio de convivencia y paz de conciencias. Desde la asociación que presido en México, aspiramos a ser reflejo de ese mismo espíritu.
Por eso, mi sueño —y el de nuestra comunidad— es trabajar en el desarrollo de un proyecto emblemático que materialice esta fusión de almas: un gran centro cultural, económico y social que sirva como ventana de Marruecos en América. Un espacio donde se respire la herencia judía-marroquí, la cultura amazigh, el legado andalusí y los valores de coexistencia que definen a nuestra nación. Un lugar donde México pueda abrazar la grandiosidad marroquí y donde Marruecos encuentre un hogar en tierras mexicanas.
El anuncio de las «Conversaciones de Mogador», que optimizarán y profundizarán estas iniciativas de diálogo, es una señal alentadora. Confirma que el modelo marroquí no solo perdura, sino que se expande y se renueva.
En tiempos de divisiones artificiales y narrativas confrontadas, Marruecos —con Azoulay como uno de sus pilares intelectuales— demuestra que otra forma de habitar el mundo es posible: desde el respeto, la escucha y la celebración de lo diverso.
Que este ftour plural en Rabat sea el preludio de muchos encuentros entre nuestras naciones. Que la luz de André Azoulay —y la de un Reino que hace de la unidad en la diversidad su bandera— ilumine también el camino de Marruecos en México. Bajo el Alto Patronazgo de Su Majestad el Rey Mohammed VI, Que Dios lo glorifique.
*Presidente de la Asociación Judía Marroquí de México.
