Rue20 Español/Casablanca
La inauguración de la planta de producción de trenes de aterrizaje del Grupo Safran en Nouaceur marca un punto de inflexión para la industria aeronáutica marroquí, según destacó Khaled Hamadé, presidente del Instituto Internacional de Estudios Geopolíticos (IIEG).
Ubicada en la plataforma industrial de Midparc, en pleno polo aeronáutico de Nouaceur, la inversión de más de 280 millones de euros refuerza “el posicionamiento de Marruecos como un centro industrial integrado en cadenas de valor globales de alta intensidad tecnológica”, explicó Hamadé en declaraciones a MAP-París.
El experto subrayó que la producción de trenes de aterrizaje es un segmento de alto valor añadido que requiere ingeniería avanzada, precisión y certificación internacional. La nueva unidad, considerada uno de los mayores centros mundiales de fabricación de sistemas de aterrizaje, contribuirá a fortalecer el tejido industrial nacional en mecanizado de precisión, metalurgia avanzada y mantenimiento aeronáutico.
El proyecto generará 500 empleos altamente cualificados y funcionará con energía 100% descarbonizada, evidenciando la alineación de Marruecos con estrategias de competitividad sostenible y transición energética.
Desde un enfoque geoestratégico, Hamadé señaló que la inversión refleja la doctrina del «friendshoring»: ante tensiones globales y perturbaciones en las cadenas de suministro, las potencias occidentales buscan relocalizar producciones críticas en países políticamente fiables y cercanos. La estabilidad y proximidad de Marruecos a Europa lo convierten en una base industrial estratégica.
“La instalación de capacidades de producción de trenes de aterrizaje y motores de nueva generación a las puertas de Europa no es una deslocalización, sino la creación de resiliencia distribuida para la industria aeronáutica occidental”, agregó el especialista.
A medio plazo, la planta podría atraer a otros proveedores de equipos mundiales y consolidar la soberanía industrial del Reino en sectores estratégicos, afirmando así su ambición de convertirse en una plataforma aeronáutica de referencia internacional.
Según Hamadé, Marruecos deja de sufrir los efectos de la globalización para moldearla a su favor, transformando su geografía económica en capital geopolítico y posicionándose como un actor clave de la seguridad industrial occidental y un modelo para África.
