Rue20 Español/ Fez
Meryem Ghoua
Hay jugadores cuyo talento necesita tiempo, paciencia y confianza. Chadi Riad es uno de ellos. Mientras Marruecos sigue dejando grandes sensaciones en el Mundial, el central de 22 años se está consolidando como una de las figuras silenciosas del torneo y, al mismo tiempo, reabre un debate inevitable en Barcelona: ¿cómo dejó escapar el club azulgrana a un futbolista con semejante potencial?
El defensor marroquí está firmando actuaciones de enorme madurez, impropias de un jugador tan joven. Firme en los duelos, contundente en el juego aéreo y muy seguro con el balón en los pies, Chadi Riad representa a la perfección el perfil de central moderno que tanto buscan los grandes clubes europeos.
Lo más llamativo es que su explosión llega después de un largo proceso de recuperación tras una grave lesión que frenó su progresión en Inglaterra. Lejos de hundirse, el central regresó más fuerte y está aprovechando el Mundial como el escaparate definitivo para confirmar su enorme categoría.
El Barça, por su parte, vuelve a enfrentarse a una situación que ya ha vivido en otras ocasiones: dejar marchar un talento antes de que alcance su plenitud. El club decidió abrirle la puerta primero rumbo al Betis y posteriormente acabó viendo cómo continuaba creciendo hasta llegar al Crystal Palace, una operación que terminó dejando un beneficio económico para la entidad catalana, pero muchas dudas desde el punto de vista deportivo.
Porque el debate ya no es cuánto dinero ingresó el Barcelona por su salida. La verdadera pregunta es cuánto valdría hoy tener en la plantilla a un central zurdo, joven, internacional y con semejante margen de crecimiento.
Mientras algunos equipos buscan en el mercado perfiles que escasean y cuestan decenas de millones de euros, Marruecos disfruta de uno de los defensores con mayor proyección del panorama internacional
El Mundial está confirmando algo que muchos intuían desde hace años: Chadi Riad no era una promesa cualquiera, sino una perla que el Barça no supo proteger a tiempo. Ahora, lejos del Camp Nou, el defensor está construyendo su propio camino y demostrando que su techo todavía está muy lejos.
