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martes, junio 23, 2026

Regragui y sus vacas sagradas: Un cuento de nunca acabar

Rue20 Español/Málaga

Ismail El Khouaja

En una noche de domingo, el sueño de toda una nación se evaporó. Cincuenta años de espera y desespera. La selección marroquí, en casa y con todas las de ganar, no pudo hermanar su huérfana Copa Africana de 1976. El gafe continúa.

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El seleccionador marroquí, Walid Regragui, todavía no sabe —o quizá su orgullo se lo impide— lo que significa ser seleccionador: escoger jugadores en condiciones para disputar partidos. Una regla sencilla, pero Regragui opta por la confianza en sus “hommes”. En pocas palabras, Regragui quiere ganar títulos solo por “niya” (confianza). Que sus “hommes” estén lesionados, pasa nada; que no jueguen con sus clubes, poco importa. Lamentablemente, la historia se repite y con un sabor aún más amargo. En esta Copa vivimos un escenario similar al de Costa de Marfil.

Con “niya” como estandarte, Regragui arrancó la Copa Africana, y llegó a la final. ¿Por mérito propio? No lo creo. Regragui es el entrenador que termina los partidos como los empieza. Sus cambios cambian todo, menos avanzar en el marcador o, por lo menos, mantener el ritmo. Un libro abierto, tal como declararon los entrenadores de Sudáfrica y Senegal. En la final, si no fuera por Bono, Senegal habría goleado a Marruecos y nos habría liberado de ese escándalo del técnico y los aficionados senegaleses: lo único que manchó un torneo jamás visto en la historia de África.

Muchos dicen que si Brahim hubiera metido el penalti, Regragui habría sido el mejor entrenador en la historia de Marruecos. Es verdad, pero… ¿y si Senegal hubiera marcado dos o tres goles en los primeros minutos? Los ‘Leones de la Teranga’ fueron muy superiores a los del ‘Atlas’. Sin Bono, habría sido una humillación total. Lo que realmente importa es analizar por qué el mismo once que apagó a Camerún y Nigeria no pudo jugar de igual a igual con Senegal. Es cierto que los 120 minutos ante Nigeria agotaron mucha energía, pero en casa, con más de 60 mil aficionados y jugando una final… no tiene sentido. ¿Cuándo se jodió la selección?

Regragui llegó a la final con una plantilla muy coja. Y, para colmo, nos dejó jugar la prórroga de la final con uno menos por haber agotado sus cinco cambios. El destino quiso que desde el primer partido del torneo sus “hommes” cayeran uno tras otro. La afición incluso pitó a técnico y jugadores en el segundo partido, y en el tercero, por fin, Regragui —obligado— cambió el once. Gracias a las lesiones, vimos a otro equipo que nos devolvió la confianza de ganar esa CAN. Pero con el mismo once, resulta difícil mantener el máximo nivel ante adversarios como Camerún, Nigeria o Senegal. El técnico de Senegal declaró tras el partido que convocó a 28 “soldados” para ganar la Copa. Y lo hizo. En cambio, Regragui llegó a la final con un equipo plagado de lesiones. Además, mientras Senegal preparaba la CAN con amistosos ante Inglaterra, Brasil y rivales de calibre, Marruecos optó por equipos como Baréin o Níger.

Regragui no quiso convocar a ningún jugador de la selección marroquí que ganó el Mundial Sub-20 en Chile, argumentando que son todavía más jóvenes. Senegal, en cambio, lo humilló con jugadores de 17 y 20 años. Tampoco convocó a ningún jugador de la selección que ganó la Copa Árabe, esta vez sin ningún argumento. Lo pagamos caro. Incluso la gestión de la final fue inadecuada. ¿Cómo pudo arriesgar con Hakimi, que estuvo dos meses lesionado, jugando dos partidos de 120 minutos ante Nigeria y Senegal? ¿Cómo dejó en el campo a El Aynaoui tras una lesión grave? ¿Cómo cambió a Mazraoui y El Khannous —los mejores en el partido— y dejó a Hakimi y Brahim totalmente apagados? Muchos interrogantes sin respuesta.

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Regragui demostró que es pobre tácticamente. Tiene a los mejores jugadores, pero no logra sacar sus mejores versiones. Pensábamos que sufriríamos ante selecciones que se arrinconan en defensa, pero Senegal nos devolvió a la realidad. Además, su actitud en la final fue imperdonable. En vez de arropar a sus jugadores y a Brahim, que iba a tirar el penalti, él prefirió “suplicar” al técnico y a los jugadores senegaleses que volvieran al campo…

Pasó una semana y ni rastro de Regragui. Mucho ruido en la prensa sobre si continuará o si debe dimitir. Yo siempre estoy al lado de la estabilidad, pero el proyecto de la Federación merece un perfil que escuche, que no libre batallas con la prensa, que seleccione a los jugadores en forma y en racha, y que nos devuelva la identidad futbolística marroquí. En fin, si Regragui está dispuesto a bajarse de la nube del Mundial de Catar y aceptar las críticas, bienvenido sea. Si no, es ya hora de buscar a otro seleccionador de cara al Mundial 2026.

 

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