Rue20 Español/ Fez
Meryem Ghoua
Marruecos no solo organizó la mejor Copa Africana de Naciones en la historia, la elevó a otro nivel. Desde el primer día hasta el último, la CAN celebrada en suelo marroquí fue una demostración de rigor, profesionalidad y ambición, un torneo pensado al detalle y ejecutado con una precisión jamás vista en el fútbol africano. Estadios modernos, infraestructuras eficientes, logística impecable, seguridad bien coordinada y una gestión ejemplar de selecciones, delegaciones y medios de comunicación convirtieron el campeonato en una referencia. Marruecos no improvisó: confirmó que está preparado para organizar los mayores eventos del fútbol mundial.
Intentar presentar a Marruecos como un país que “cae” después de la Copa Africana de Naciones es una desconexión total con la realidad. Marruecos no cae. Y el Bernabéu, por mucho que algunos lo deseen o lo repitan, no sube. La CAN organizada en Marruecos fue un éxito rotundo, total y sin discusión posible, y así lo reconocen quienes estuvieron allí, quienes la vivieron desde dentro y quienes entienden lo que significa organizar un gran torneo internacional.
Durante un mes entero, Marruecos demostró que puede con todo. Puede con la organización, puede con la logística, puede con la seguridad, puede con la presión mediática y puede con la pasión de un torneo continental. La gestión de las selecciones africanas fue ejemplar desde el primer día hasta el último. Los equipos se desplazaron sin problemas, entrenaron en instalaciones modernas, se alojaron en hoteles de primer nivel y recibieron un trato profesional y respetuoso en todo momento. Nada falló. Nada se improvisó. Todo funcionó.
Por si fuera poco, esta Copa Africana de Naciones marcó un hito sin precedentes en la historia del torneo: es la primera vez que una CAN se disputa utilizando nueve estadios de primer nivel, repartidos en seis ciudades anfitrionas. Rabat lideró el despliegue con cuatro recintos —el Estadio Príncipe Moulay Abdellah, el Estadio Moulay Hassan, el Anexo Olímpico de Rabat y el Estadio Al Barid—; a los que se sumaron escenarios emblemáticos como el Gran Estadio de Tánger, el Complejo Deportivo Mohammed V de Casablanca, el Gran Estadio de Marrakech, el Gran Estadio de Agadir y el Complejo Deportivo de Fez.
Todos ellos cumplieron estándares internacionales de competición, seguridad y confort. A este despliegue se añadió una red de hoteles de cinco estrellas y alojamientos de alto nivel que garantizó condiciones óptimas para selecciones, árbitros, dirigentes y medios, confirmando que Marruecos no solo organizó la CAN más ambiciosa de la historia, sino también la mejor preparada desde el punto de vista deportivo, logístico y humano.
Los estadios estuvieron a la altura de los más altos estándares internacionales, llenos, vibrantes y perfectamente preparados. Las infraestructuras respondieron, los accesos fueron fluidos, la organización estuvo presente en cada detalle y la hospitalidad marroquí volvió a demostrar por qué es reconocida en todo el mundo. Aficionados, delegaciones y periodistas encontraron un país abierto, generoso y orgulloso de recibir al mundo. El respeto mostrado hacia quienes llegaron como invitados no tuvo límites, y eso no es un discurso, es un hecho que todos pudieron comprobar con sus propios ojos.
La pasión del público marroquí fue uno de los grandes triunfos de esta Copa Africana. Una pasión auténtica, profunda, que nace del amor al fútbol y que se expresa con intensidad, pero también con respeto. Esa mismísima pasión que empujó a los Leones del Atlas a derrotar los grandes de Europa como España, Portugal, Bélgica, Brasil, etc.; y es la misma que impulsó a los púpilos de Regragui a ocupar el segundo puesto en la CAN, a los Sub-20 a conquistar el Mundial y más y más…
Marruecos vive el fútbol desde los tuétanos, y esa pasión desbordó estadios, ciudades y fronteras. Fue una fiesta africana en la que el público marroquí estuvo a la altura de los grandes escenarios internacionales, demostrando que sin afición no hay grandes torneos y que Marruecos tiene una de las más fieles y entregadas del mundo.
Nada de esto es casualidad. La elección de Marruecos como sede del Mundial 2030 junto a España y Portugal no surge de la nada ni responde a un capricho. Es el resultado de años de trabajo serio, de inversiones estratégicas, de una visión clara impulsada por la Federación Real Marroquí de Fútbol, por sus dirigentes y por el respaldo constante de Su Majestad el Rey Mohamed VI, que ha entendido el deporte como una herramienta de proyección internacional y desarrollo nacional.
Marruecos lleva tiempo preparándose para este tipo de desafíos y la CAN fue una prueba superada con nota. Los incidentes ocurridos en la final no pueden utilizarse para manchar todo un torneo ni para cuestionar la capacidad de un país entero. Lo ocurrido fue, ni más ni menos, que consecuencia de decisiones y malas actitudes de la Federación y la selección de Senegal que generaron una tensión innecesaria y recibirán su castigo.
No obstante, pretender que eso borre un mes perfecto es tan injusto como interesado. Confundir lo sucedido en una final de la Copa Africana con la capacidad de Marruecos para albergar la final del Mundial 2030 es un error de análisis grave. Son competiciones distintas, con exigencias distintas y marcos distintos.
Además, es falso y profundamente injusto afirmar que Marruecos se benefició del arbitraje durante la Copa Africana de Naciones, como algunos pretenden instalar. La realidad es exactamente la contraria: Marruecos fue perjudicado en momentos clave del torneo. En la semifinal ante Nigeria, al combinado marroquí no se le concedió un penalti claro que pudo cambiar el rumbo del partido. Y si verdaderamente el arbitraje hubiera favorecido a Marruecos, el desenlace de la final habría sido muy distinto: tras la retirada de Senegal durante más de 17 minutos, el reglamento es claro y establece una victoria por 3-0 para el rival. Sin embargo, esa decisión nunca se aplicó. Los hechos demuestran que Marruecos no recibió ningún trato de favor, sino que compitió y aceptó resoluciones arbitrales incluso cuando estas le fueron claramente desfavorables, reafirmando su respeto por las reglas y por la integridad de la competición.
Si algo ha demostrado Marruecos con esta CAN es que está preparado para retos aún mayores, desde una final mundialista hasta un Mundial de Clubes o cualquier gran evento FIFA. Las infraestructuras están listas, la experiencia está adquirida y la credibilidad está más que consolidada.
Y cuando los grandes del fútbol lo reconocen, cuando las selecciones, las federaciones, los dirigentes y los periodistas que estuvieron sobre el terreno confirman que todo fue un éxito, no merece la pena escuchar a quienes quieren ganar manchando la imagen de un GRAN Marruecos. Porque los hechos pesan más que los titulares forzados.
Marruecos no se esconde, no se disculpa y no baja la cabeza. Marruecos se afirma como un país capaz, sólido y preparado para los mayores escenarios del fútbol mundial. ¡OJO¡ El Bernabéu no sube porque Marruecos no ha bajado. Marruecos puede con todo y va por la Finalísima de 2030.
