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jueves, junio 4, 2026

Alianza ruso-africana cierra espacios al Polisario y refuerza reglas de ONU

 

Rue20 Español/Rabat

El segundo foro ministerial de la Asociación Ruso-Africana, celebrado los días 19 y 20 de diciembre en la capital egipcia, volvió a trazar límites claros en cuanto a los marcos de cooperación con el continente.

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Los participantes reafirmaron que las asociaciones se desarrollarán únicamente con Estados soberanos reconocidos por las Naciones Unidas, excluyendo de forma expresa a cualquier entidad carente de reconocimiento internacional.

El comunicado final del foro deja poco margen a la ambigüedad. Al circunscribir la cooperación a los “Estados africanos reconocidos internacionalmente”, así como a la Comisión de la Unión Africana y a las organizaciones de integración regional, los socios del encuentro reforzaron la referencia a la legalidad internacional como criterio rector.

Esta formulación ha sido leída como una alusión directa al Polisario, que en los últimos años ha intentado sin éxito abrirse paso en distintos foros africanos y afrointernacionales.

Esta toma de posición se produce en un contexto marcado por los esfuerzos reiterados de Argelia, principal valedor del Polisario, para introducir al movimiento separatista en grandes plataformas continentales. Sin embargo, estas iniciativas han chocado cada vez más con la cautela de los actores internacionales, que condicionan su implicación al respeto estricto de los parámetros definidos por las Naciones Unidas.

Desde esta perspectiva, el foro de El Cairo confirma una dinámica más amplia observada en África: la progresiva reducción de los espacios políticos en los que el Polisario podía intentar afirmarse fuera del marco onusiano.

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Los participantes recordaron que la cuestión del Sáhara marroquí sigue siendo competencia exclusiva de la ONU, en consonancia con las resoluciones del Consejo de Seguridad.

Una línea ya marcada en Sochi

Esta orientación no constituye una novedad. Un año antes, el primer foro ministerial Rusia-África, celebrado en Sochi, había sentado las mismas bases. La ausencia del Polisario en aquel encuentro no fue interpretada como un episodio circunstancial, sino como la manifestación de una estrategia deliberada de Moscú: privilegiar relaciones con Estados plenamente reconocidos y evitar la implicación de actores no estatales susceptibles de generar fricciones diplomáticas.

En un contexto internacional tensionado por la confrontación con Occidente y agravado por la guerra en Ucrania, la diplomacia rusa optó por consolidar alianzas estatales consideradas estables.

El encuentro entre el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, y su homólogo marroquí, Nasser Bourita, al margen del foro de Sochi, ilustró esta apuesta, subrayando el peso de Marruecos como actor clave en el Magreb y en el conjunto del continente africano.

Las discusiones de entonces se centraron especialmente en la lucha contra el terrorismo y la seguridad fronteriza, prioridades compartidas por numerosos países africanos. Rusia puso sobre la mesa una cooperación ampliada en materia de seguridad, que incluía apoyo militar, transferencia de tecnología y programas de formación, acompañada de un discurso basado en la no injerencia y el respeto a la soberanía.

En este marco, la exclusión del Polisario adquirió un significado político claro: el de una diplomacia pragmática, alineada con la legalidad internacional y reticente a reabrir expedientes susceptibles de alimentar tensiones regionales. Al dar continuidad a esta línea, el foro de El Cairo confirma una orientación ya asumida en la relación ruso-africana.

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