Rue20 Español/ Fez
Meryem Ghoua
Aunque no entregaron una actuación brillante, los Leones del Atlas consiguieron lo esencial: comenzar bien su Copa Africana de Naciones.
El partido Marruecos–Comoras terminó 2‑0, un resultado claro que casi se explica por sí mismo. Pocos países anfitriones en la historia reciente de la CAN han empezado con una victoria tan contundente, especialmente con la enorme presión y expectativas de la afición.
En su primer choque, los Leones no flaquearon, aunque la victoria tardó en definirse. El juego en la primera mitad fue pobre: ritmo bajo, pocas situaciones de peligro y una sensación de incapacidad ofensiva, con dificultades para romper por las bandas y poca presencia en el área rival.
Además, Marruecos falló un penalti, lo que añadió tensión al encuentro y dejó al público con dudas al final de la primera parte.
Pero en la segunda mitad todo cambió. Los goles de Brahim Díaz y Ayoub El Kaabi llegaron como una bendición. Aunque sin dominar completamente, el equipo logró la victoria. Esa capacidad de ganar sin deslumbrar refleja, paradójicamente, una fortaleza mental y madurez, algo esencial en una competición exigente como la CAN.
Con estos tres puntos, Marruecos ya tiene una posibilidad seria de avanzar a la siguiente ronda y puede encarar sus próximos partidos ante Mali y Zambia con menos presión. No todo en el juego fue seguro, pero lo más importante está logrado: empezar ganando en un choque complicado.
