Rue20 Español/Rabat
La capital egipcia, El Cairo, acogió los días 19 y 20 de diciembre los trabajos de la segunda conferencia ministerial del Foro de Asociación Rusia-África, con la participación del ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y sus homólogos de más de cincuenta países africanos.
Este encuentro constituye una importante parada diplomática para debatir las perspectivas de desarrollo de las relaciones entre Rusia y el continente africano, especialmente en los ámbitos del comercio, la inversión, la energía y las infraestructuras, además de coordinar posturas sobre una serie de cuestiones regionales e internacionales relacionadas con la seguridad y la estabilidad en África.
Esta conferencia se celebró en ausencia del Frente Polisario, a pesar de los continuos esfuerzos argelinos, apoyados por algunos de sus aliados dentro del continente africano, encabezados por Sudáfrica, para impulsar la participación del Frente en este tipo de encuentros multilaterales, que reúnen a la Unión Africana con sus socios internacionales.
Parece que Moscú optó por no invitar al Polisario, basándose en su deseo de respetar el marco institucional del foro, que se limita a los países africanos miembros de la Organización de las Naciones Unidas, condición que no cumple el Polisario, al ser una entidad no reconocida a nivel internacional y que no goza del estatus de Estado soberano.
Esta postura es una extensión del mismo enfoque adoptado por Rusia durante las ediciones anteriores del Foro de Asociación Rusia-África, ya sea durante la conferencia de Sochi en 2019 y 2024, o durante la cumbre de San Petersburgo en 2023, donde Moscú se mantuvo firme en la regulación de la lista de participantes de acuerdo con criterios legales y diplomáticos claros, lejos de las tensiones políticas asociadas con algunos conflictos regionales.
Esta tendencia también se enmarca en el enfoque equilibrado que Moscú adopta en su trato con el conflicto regional sobre el Sáhara, ya que Rusia, a pesar de sus estrechas relaciones con Argelia, afirma su adhesión a un enfoque diplomático basado en la neutralidad y la equidistancia de las diferentes partes interesadas, con el apoyo del proceso liderado por las Naciones Unidas con el objetivo de llegar a una solución política consensuada que sea aceptable para todas las partes, y a pesar de su abstención en la votación de algunas resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU relacionadas con el expediente, debido a sus reservas sobre el enfoque de Estados Unidos, que redacta esas resoluciones, no recurrió, en cambio, al uso del derecho de veto para bloquear su adopción, en un paso que refleja su adhesión a un enfoque equilibrado y cauteloso en el trato con este expediente.
