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Rachad Andaloussi*
Más que una victoria, lo que hoy celebra Marruecos es el reconocimiento a muchos años de lucha, de perseverancia y de defensa firme de la justicia y del derecho histórico. Esta conquista no es fruto del azar, sino de una visión clara y de un liderazgo constante, encarnado en Su Majestad el Rey Mohamed VI, quien ha sabido continuar con sabiduría y determinación la senda trazada por su difunto padre, Su Majestad el Rey Hassan II —que en paz descanse—.
El reinado de Mohamed VI se ha caracterizado por un estilo propio de gobernar: sereno, inteligente y profundamente humano. Un estilo que combina modernidad con tradición, prudencia con audacia, y que refleja los valores más nobles de la identidad marroquí: la generosidad, la solidaridad y la calidad humana.
Este día tan esperado por la ciudadanía, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, simboliza la recompensa a una larga marcha de sacrificios, de paciencia y de fe en el porvenir. Es el triunfo del espíritu nacional, de un pueblo que nunca ha dejado de creer en la justicia de su causa y que ha sabido mantener la unidad como su fuerza más poderosa.
Los marroquíes somos un pueblo de paz, de alegría y de esperanza. La paz forma parte de nuestra sangre, y la alegría es parte de nuestra rutina. Hoy, más que nunca, sentimos el orgullo de pertenecer a una nación que avanza con paso firme hacia su superación, guiada por un monarca cuya sabiduría ilumina el camino del progreso y la dignidad.
Por eso, no puedo dejar de decir: gracias Sidna. Gracias Majestad , por su visión, por su constancia, y por encarnar los valores más auténticos de nuestro pueblo.
Este reconocimiento internacional no solo honra a Marruecos, sino que reafirma su papel como ejemplo de estabilidad, coherencia y visión en la región. Es un día de celebración, de orgullo compartido y de compromiso renovado con el futuro de nuestra patria.
*Empresario hispano-marroquí
