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Marruecos y Nigeria han dado un paso decisivo en la integración energética africana con la creación de una sociedad conjunta encargada de coordinar y financiar el ambicioso proyecto del gasoducto Nigeria–Marruecos, estimado en 25.000 millones de dólares. Esta iniciativa no solo promete rediseñar el mapa energético de África Occidental, sino también convertir a Marruecos en un puente estratégico entre África y Europa.
El gasoducto, que tendrá una longitud aproximada de 6.000 kilómetros, conectará las costas del golfo de Guinea con Marruecos, atravesando 13 países, incluidos Estados sin litoral como Níger, Mali y Burkina Faso. Se espera que transporte entre 15 y 30 mil millones de metros cúbicos de gas al año, abasteciendo a cerca de 400 millones de personas y ofreciendo acceso directo al mercado gasístico europeo a través del gasoducto Marruecos–Europa, según recoge la prensa local.
La nueva sociedad conjunta permitirá una gestión estructurada y coordinada del proyecto, con una sociedad matriz apoyada por varias entidades regionales, cada una responsable de un tramo específico. Este esquema institucional, validado por la CEDEAO, garantiza transparencia, coordinación y legitimidad continental.
Las estudios de factibilidad, finalizados a mediados de 2025, han definido el trazado final y el modelo de ejecución. La decisión final de inversión se prevé antes de fin de 2025, consolidando así la fase operativa y financiera del proyecto.
El proyecto cuenta con un fuerte respaldo político y diplomático. En julio pasado, Togo se sumó oficialmente al consorcio, tras la firma de un acuerdo entre la NNPC (Nigeria), la ONHYM (Marruecos) y la empresa pública SOTOGAZ, mostrando el compromiso de los Estados de África Occidental con la seguridad energética regional y el desarrollo industrial.
En el ámbito financiero, instituciones internacionales como la Banco Europea de Inversión (BEI), el Banco Islámico de Desarrollo y el Fondo OPEP para el Desarrollo Internacional ya han confirmado su participación, reforzada por la contribución de los Emiratos Árabes Unidos, lo que garantiza la viabilidad económica del proyecto.
Más allá de su impacto energético, el gasoducto Nigeria–Marruecos representa un hito estratégico para la integración africana, promoviendo la cooperación Sur–Sur y el desarrollo sostenible, en línea con la visión del Rey Mohammed VI de fortalecer la posición de Marruecos como un centro energético y logístico entre África y Europa.
